A la ribera del río Tinto se halla Niebla.

Niebla.  Enclave almorávide

en la Península Ibérica.

Elsje Fokkelman y Francisco Fortes

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Tartésica, íbera, fenicia, romana, visigoda, musulmana y cristiana.

La musulmana Lebla se cristianizó como Niebla.

A la segunda mitad del siglo XI, la Península Ibérica musulmana se encontraba dividida en multitud de pequeños reinos, fueron las "Primeras Taifas". El enorme poder del extinto Califato de Córdoba quedó convertido a  una pléyade de reinos y emires de muy diverso origen y condición. Unos eran de procedencia árabe, otros bereberes y algunos eslavos, pero todos compartían el deseo de supervivencia y ostentación manteniendo protocolos de gran boato y decidido apoyo a las artes, pese a su manifiesta debilidad.

En el norte de la ciudad y una vez cristiana se levantó el alcázar de los Guzmanes en el s. XV.

Puente romano sobre el río Tinto en Niebla.

 

Los reinos cristianos del norte, liderados en cierta medida y no pocas dificultades, por Alfonso VI "el Bravo", también eran débiles, pero comparativamente más fuertes que las taifas musulmanas recién nacidas tras la "fitna del Califato". Esto hizo que proliferaran las acometidas veraniegas,  los saqueos cristianos y los cobros de impuestos "de protección", las parias.

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Una treintena de reyezuelos mal avenidos entre sí, componían el fragmentado mapa islámico de la segunda mitad del siglo X. La mayoría luchaban con su difícil presente e imposible futuro.

 Pronto acontecieron episodios de integración entre ellos, una especie de "fagocitosis" en la que  los mayores se fueron comiendo a los pequeños.

 Mas, un hecho fue crucial, Alfonso VI conquista la taifa de Toledo en el año 1085 y los nervios de los sultanes y emires de otras taifas dejan de ser un mal rato, una preocupación hipotética  a convertirse en desesperación ante el cierto peligro que les acechaba.  Granada, Sevilla y Badajoz, tres de las taifas más relevantes, solicitan al imperio almorávide mauritano,  ya por entonces extendido por todo el Magreb, que vengan a salvarlos.

En la salvación estaba la muerte, y los hombres de los ribats, los mitad guerreros y mitad  clérigos ismaelitas, atravesaron el Estrecho de Gibraltar, desembarcaron en  Algeciras, vencieron a los cristianos en la batalla de Zalaca o Sagrajas (Badajoz) y se quedaron con todas las taifas.

 

Niebla, unos de los vestigios más interesantes de la Edad Media de la Península Ibérica y exponente almorávide de gran importancia. En ella, como en otros puntos este movimiento guerrero-religioso rigorista,  desarrolló las dos grandes acciones urbanísticas que le eran propias, la construcción  de murallas y mezquitas.

Pasados los años de dominio almorávide, se implantará un nuevo movimiento revisionista, los almohades. Procedentes del Sahara y cuyo imperio en el Magreb había desplazado a los hombres del ribat, se adueñaron de al-Andalus desde 1145 hasta que fueron derrotados en 1212 por la alianza cruzada que lideró el rey castellano Alfonso VIII "el Noble", en las Navas de Tolosa.

 

Niebla, una vez que se marcharon los almohades, se desarrolló como un nuevo reino taifa cuya figura más sobresaliente será Ibn Mahfot. Este reino duraría hasta que Alfonso X "el Sabio" conquistó de manera definitiva a Niebla para Castilla en el 1262, en cuya gesta se usó por primera vez la pólvora. 

 

 

 

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