Calatrava "la Nueva", fe, belleza.

Elsje Fokkelman y Francisco Fortes

Colección: medieval-spain.com

 

En tierras manchegas, entre vides y cereales, la tierra es calma y el  incendio solar del horizonte nos dificulta lo que a lo lejos nos espera.

 

La primavera ha brotado y las amapolas nos

saludan. Amapolas,  margaritas, lavandas

hacen explotar de color los sentidos y nos

 distraen la atención. Quizá alguien nos

vigila…

 

 

 

La campiña  se va agotando y las colinas han llegado. Vemos a lo lejos y sobre todo a lo

alto una enorme fortaleza. Ya nos habrán visto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tres enseñas ondean  en sus mástiles. Sin duda gran castillo ha de ser  y sus moradores.

fuertes guerreros.

 

 

La angosta puerta de sillares jambeada y con peine dotada se revuelve  en recodo de 180 grados para los intrusos su acceso dificultar.

Es un freire  el que nos da la bienvenida y calatravo por más señas. Pues de Calatrava “la Nueva” se trata el lugar y éste es convento y fortaleza a un tiempo. La puerta está franca, el peine levantado y el cielo azul al otro lado nos espera.

 

Con certeza que es raro este castillo, que  sus

murallas entran y salen,  retorciéndose en línea ora

cóncava, ora convexa. ¡Y aquel alto que  remata como

iglesia, cual espadaña fiel!

Seguimos la vereda y la  larga muralla que contornea la escarpadura.  A fe que el Señor de la fortaleza

posibles tiene, que gratis no se ponen tantas piedras.

Pura roca que de volcán salida ha servido para construir esta singular maravilla de conjunción de lo divino y lo humano.

Los vanos con enrejado el interior protegen y las  aspilleras disuaden al que con aviesas intenciones se acerque.

 

 

 

Singular belleza la de este reducto de fe cristiana, de cisterciense regla y de aguerridos luchadores poblada.

 

Era el 1158 cuando el abad de Fitero Raimundo Serra y el valiente soldado Diego Velázquez

 acordaron la defensa de la otra Calatrava, “la Vieja”,  y encargada  les fue por el rey Sancho

III “el   Deseado”, quien apurado se encontraba en su gobierno y poco después a Dios entregó su

alma. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Orden del Temple había tenido el  encargo de defender

tan difícil  plaza conquistada por Alfonso VII “el

Emperador”. Pero creyendo agotadas sus fuerzas, declinaron

tal honor y sustituidos fueron por los del Cister en el

mentado año de 1158.

 

 

 

 

 

 

 

Pero desde antes el papa Alejandro I ya hubo

decidido proteger a la Orden de Calatrava.

Frailes y guerreros, freires, que se encargarían

de la meseta sur de la Península Ibérica, que protegerían los caminos de la Imperial Toledo de

los fieros magrebíes almohades.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Maestres, comendadores y priores, fueron sus gobernantes en lo humano y lo divino. Y desde

 1187 por encima de todos ellos el abad de Morimond.

 

Por el pasadizo llegaremos de nuevo a la luz, y alcanzaremos

el patio que a modo de distribuidor nos dejará subir a la torre,

 al adarve de  la segunda muralla o nos franqueará el paso hacia

 otras dependencias, a la  iglesia o al antiguo castillo.

 

Los freires de Calatrava llegaron a Calatrava la Nueva en  

1217. A los cinco años de la victoria de las Navas de Tolosa,  y

cuando comenzaba el reinado de Fernando III “el Santo” por abdicación de sus augusta madre,

Doña Berenguela  de Castilla.

 

El castillo, lo más alto y mejor defendido, era anterior a la llegada de la Orden.

Tras la nueva muralla y por fuera del Castillo se creó un barrio de viviendas y dependencias,  

como almacenes, baños, etc.

Tras el muro interior nos aparece el atrio de la bellísima iglesia pétrea. En la que el románico y

 el  gótico se funden en un continuo de glorificación al

Creador.

 

El adarve de vigilancia con las torres redondeadas de

flanqueo y desde ellas se ve y disfruta de la  vida dentro

del convento-fortaleza y se vigilan muchas leguas en

derredor.

 

 

 

 

 

 

 

 

La primera y segunda muralla. La primera rodea todo el  conjunto y tiene dos puertas

(los Arcos y Norte) y 10 metros de altura por  1,8 de anchura.

 

La muralla interior, la segunda, que tercera habrá se realizara con piedras bien ubicadas  y

nos abre un corredor amplio junto a la pared de la iglesia y de castillo interior.

La segunda muralla tres puertas tiene: la del Sol, la Norte y la de Hierro, Y dos portillos, al

Norte y  al Oeste.

 

La puerta principal de la iglesia conventual es de una

gran belleza. Flanqueada por dos torres con sus caminos

de ronda en la cubierta, nos recuerda el papel militar de la

Orden de Calatrava. Su puerta levemente apuntada con 

austeras arquivoltas nos susurran. Mas el gran  rosetón

que decora el exterior e ilumina el interior nos anuncia al

gótico. La piedra volcánica con vetas grises, rosadas y

verdes le da empaque y cromatismo singular.

 

Los arcos apuntados, las bóvedas de crucería, y la gran altura de la techumbre nos lleva a los

nuevos gustos estéticos del gótico. La presencia del ladrillo sabiamente trabajado nos recuerda

a Toledo. Y la luz, que como un torrente infinito inunda el interior de la iglesia gracias a los

vanos de sobria factura, y al bellísimo rosetón del atrio.

En el atrio, los oficios esperan los

caballeros de Calatrava. Y los  clérigos

en el claustro del convento también

aguardan. Ambos miembros de la Orden 

se encontrarán en la iglesia para rezar

por  el éxito de su empresa: defender los

caminos de Toledo a Andalucía, ocupar

los  territorios conquistados,  ayudar a su repoblación, y, cómo no, participar en las batallas,

como en las “Navas de Tolosa” en 1212, bajo Alfonso VIII de Castilla. Participación en un

hecho crucial, que cambió el signo de la Reconquista, pues fue el inicio del  acelerado declive

almohade en la Península.

 

El “campo de los mártires” donde fueron inhumados los maestres y comendadores de la Orden.

El ladrillo no vino solo. Fue acompañado por el mosaico que en lugares muy recónditos aparece. Junto a ladrillos magistralmente dispuestos. ¡Quién sabe si fue alarife el constructor y mudéjar su esencia!

 

Muchos servicios prestaron los caballeros de Calatrava. Diez de sus caballeros fueron los que

primero ingresaron en la nueva Orden aragonesa de Montesa y sus estatutos elaboraron. Fue

Montesa la heredera de los bienes del Temple cuando ésta fue extinguida en 1311. De ahí que su

insignia, aunque fue cambiada por la de la Orden de San Jorge en 1400, recuerde a la  de

Calatrava y a del Temple.

Puertas y escaleras nos dejaron entrar y ahora nos permiten salir. Del Castillo nos vamos

que atravesar debemos tres murallas y sus puertas.

 

Un último vistazo a la piedra volcánica, a la espadaña, el antiguo claustro y la campiña lejana que ahora nos espera rumbo de otros "nortes" y otras sendas.

 

Fin