La expansión del Islam a la Península Ibérica en el sigo VIII

Al-Andalus, el comienzo del periodo musulmán de la Península Ibérica.

 Francisco Fortes con fotografías de Elsje Fokkelman

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Llegaron por mar. Tenían la tez morena y portaban turbantes y una nueva religión...

Era el año 711 cuando un veterano militar y gobernador de Tánger, Tariq ben Ziyad, atravesó el estrecho que separa África de Europa en su extremo occidental, aquel, que desde entonces se conoce en honor a su nombre como de "Gibraltar". Le acompañaron 17.000 hombres de muy diverso origen y condición, ávidos de éxito, de botín y de extender su nueva fe: el Islam.

En el año 570 en la ciudad de la Meca en la Península Arábiga nació un personaje histórico que cambiará la vida de muchas miles personas desde entonces y que hoy se encuentran en todas las partes de globo. Se llamó Mohammed y fue el iniciador de una nueva religión monoteísta, el  Islam. En aquellos momentos ya existían tanto la religión judaica como la cristiana, que para los musulmanes conforman aquellas cuyas creencias se basan el la Biblia y a sus seguidores llaman "las gentes del Libro".

Las prédicas de Mohammed se basaron que dos pilares fundamentales: "Dios es Alá" y "Mohammad es su Profeta". Por aquel tiempo, en el tránsito entre el s. VI y s.VII en Arabia predominaba el politeísmo con múltiples representaciones de ídolos. Contra esto se declaró Mahoma y padeció dificultades con sus conciudadanos, al punto de tener que huir a una ciudad llamada Medina distante a algo más de 400 kilómetros de la Meca. A este viaje del Profeta se le conoce como "la Hégira" y tiene un gran valor simbólico, siendo el punto de arranque del calendario musulmán.

El Islam se expandió a una gran velocidad en todas las direcciones de la rosa de los vientos, llegando a comprometer al Imperio Romano de Oriente, la Persia sasánida, Egipto, todo el norte de África y la península Ibérica, atravesando en múltiples ocasiones los Pirineos y poniendo en jaque a los francos. La Tangitania e "Hispania romanorum" de Diocleciano  fueron las dos últimas zonas que fueron conquistadas por el impulso del Califa omeya  al-Walid I (668-715), quién, alrededor del año 700, encargó a su gualí (gobernador)  de Ifriqiya (en Túnez) que proclamara la nueva religión hasta los confines conocidos, es decir, el océano Atlántico, que atravesara las Columnas de Hércules y llegara a la tierra de los Vándalos (Andalucía). La gran expansión del joven Imperio Musulmán se realizó en gran medida debido  a la habilidad política y de gobierno del linaje omeya, de los quraysíes de la Meca, que en menos de un siglo llegaron desde el Índico hasta el Atlántico.

El gualí de Ifriqiya se llamaba Mûsá b. Nusayr, hombre de dilatada experiencia militar y de gobierno, pues ya estuvo con diversos cargos en Egipto.  Musã  encargó a su lugarteniente Tãriq b. Ziyad "el Tuerto"  que llevara a cabo las órdenes del Califa. Conquistando en el 708 Tánger, mandando a Tarif al-Malluk a una expedición de reconocimiento de las costas de la Península en el año 710 haciendo un desembarco limitado en Tarifa, volviéndose poco después. Tãriq en persona desembarcó en abril del 711 en Algeciras.

Comenzaba así la expansión del Islam a la península Ibérica, lo que marcaría su Edad Media y sería el  hilo conductor de toda ella.

Cuando ocurrió la invasión de las tropas de Tãriq "el Tuerto" , en la península Ibérica el poder estaba en manos de los Visigodos. La situación interna de los Visigodos era de fractura en dos facciones: los seguidores de los hijos del fallecido rey Witiza y los alineados con el nuevo rey Rodérico, entendido como usurpador por los seguidores de Witiza. Es decir, los del linaje del rey Wamba y los de Chindasvinto respectivamente.

El último y vigente rey recién elegido por el Aula Regia en el 710 era Rodérico o Rodrigo, quien se encontraba guerreando en el norte, en las cercanías de Pamplona contra los bascones en abril del 711. Alertado de la invasión musulmana por el sur se encaminó hacia el Campo de Gibraltar para enfrentarse con los hombres de Tãriq, quien quizás estuviese asentado en Carteia  (en el término municipal de San Roque de Cádiz).

 

En el año 710 había muerto de causa natural el rey visigodo Witiza, el cual  había asociado al trono a sus tres hijos menores de edad. El mayor de ellos,  de 10 años en el momento de la muerte de su padre fue Agila, seguido de Oldmundo y Ardabastos o Ardón o Ardo. Entones era Dux de la Bética Rodrigo, hijo de Teodofrasto quien se rebeló contra Witiza y  tras ser vencido por éste le fueron sacados los ojos. Esta era una costumbre de la antigüedad  pues no era aceptable que fuese rey nadie que padeciese algún defecto físico.

 

Según el autor árabe al-Qûtiya (977) y quien de alguna manera era descendiente de Witiza a través de su nieta Sara, Witiza tenía tres hijos: Alamund, Waquila y Artobás. Este es otro caso de mestizaje entre conquistadores y aristocracias locales formando el linaje de los Banû Haÿÿãÿ, ubicados en Sevilla y que protagonizarán rebeliones contra ‘Abd al-Rahmãn III en lo que se conoció la fitna del Emirato.

Ante la minoridad de Agila, quien reinaría como Agila II en la zona noreste de la Península y llegando a acuñar moneda hasta el 716, Rodérico logró que el Aula Regia le nombrase rey y se sentó en el trono visigodo de Toledo. Hay noticias que Ardo continuó la dinastía de Agila II, si bien no hay por ahora hallazgos numismáticos llegando hasta el 720. Tras él ya desaparece este enclave visigodo del noroeste.

 Rodérico estaba casado con Egilona y ambos vivían en Toledo; ante las inquietantes noticias de la penetración por el sur de los muslimes, se dirigió apresuradamente al campo de Gibraltar. Fue recabando el apoyo de la aristocracia visigoda para que hiciese causa común y mandase al frente a sus dependientes. La respuesta, como otras veces hubo ocurrido antes  a los reyes visigodos previos fue tibia, pese a las diferentes leyes que ya estaban legisladas y en vigor. En primer lugar porque muchos aristócratas indígenas estaban alineados con Witiza y sus hijos, en segundo lugar porque les hacía perder la mano de obra  para trabajar en sus personales explotaciones agropecuarias.

Pese a todo, en las alas del ejercito se encontraron Oppas, hermano de Witiza y Obispo de Sevilla y Sisberto, personaje siniestro y contrario a Rodrigo, ambas presencias debieron ser inquietantes para Rodrigo, pero los efectivos y, sobre todo, los arqueros de Tariq también los serían.

 Se celebró así la batalla del río Guadalete entre los días 19 y 26 de julio del año 711. En dicha batalla la victoria fue para los musulmanes, y tras la cual al rey Rodrigo nunca se le vio más por lo que se sospecha que pudo morir allí, sobre todo porque se encontraron su caballo y algunas otras pertenencias, si bien se sospecha que pudo huir, pues en Viseo (Portugal) se encontró una tumba en la había una lápida con "Rodérico Rex". Un hombre del rey Rodrigo, llamado "Pelayo" que era su espatario, guardia personal, consiguió salir vivo y tras diversas vicisitudes, entre las que desataca ir a Sevilla y, con la reina Egilona, salir para Mérida donde aguantaría un tiempo hasta que Mûsá b. Nusayr con uno de sus hijos, ‘Abd al-Aziz, conseguirá doblegar a los emeritenses. Pelayo, hijo del noble Favila y padre de otro Favila que será su sucesor conseguirá refugiarse en Asturias y será con el devenir de los siguientes años el mítico Pelayo del nacimiento del Reino Astur.

Un elemento clave para comprender los siguientes años, sus hechos y consecuencias es saber que la propiedad de la tierra tiene distinta valoración y adscripción en la ley musulmana si se logra a través de la conquista que si es a través del pacto. La conquista conlleva a que la propiedad de lo conquistado es de la Umma (comunidad de creyentes) salvo una quinta parte que es del califa. La administración recaerá en el poder político, por tanto en los hombre del califa también, y podrá ser  encargada a otros particulares para su explotación, pero en términos de usufructo  y no de propiedad. La otras situación es aquella que nace de pacto con la aristocracia indígena, en este supuesto, si la  tierra en algún momento llega a manos musulmanas es en calidad de propietario, aun tenga que pagar los impuestos que procedan. Lógicamente al  poder le  interesaba que fueses declarados bienes de conquista con su adscripción de un quinto al califa y a los particulares les interesaba llegar a pactos. Ambas circunstancias se dieron con frecuencia.

Respecto a los pactos, éstos ocurrieron en el contexto siguiente. Una vez que se corrió la voz de la invasión musulmana, los aristócratas visigodos que en gran parte no habían acudido a socorrer a su rey Rodérico, se marcharon de sus residencias de las ciudades y se fueron  a las montañas y a sus propiedades del campo donde con sus dependientes organizaron la defensa individual y dispersa.

Al llegar los conquistadores a las ciudades estaban casi despobladas y sin referencias de poder político, sólo quedando como parte más o menos lejanamente representativa los obispos quienes al parecer en estos primeros tiempos de la invasión pactaron con los conquistadores y llegaron a acuerdos de colaboración. De ahí que se mantuviesen iglesias y la libertad de culto, a cambio de trabajos fiscales a favor de la tributación a los nuevos señores. Este mismo modelo se repitió en el campo, llegándose a pactos a través de los cuales la aristocracia local más o menos indígena mezclada con romanos y visigodos, consiguió el mantenimiento de la propiedad y sus rentas a cambio de impuestos. Incluso se acordaron y se llevaron a efecto alianzas matrimoniales que dieron gentes que tras la apostasía cristiana se convirtieron al Islam, "mawlas", como los Banu Qasi, Banu  Hayyay y muchos otros. Especialmente importante fue el pacto logrado por Abd al-Aziz y el noble visigodo Teodomiro ubicado en las cercanías de Orihuela actual. Incluso llegó a casar a una de sus hija  con un sirio en el año 741 Abd al-Yabbar b. Nadir y para cuyo enlace entregó una dote de dos alquerías "Tarsa" y "Tall al-Jattab", la primera cerca de Elche y la segunda de Orihuela.

Estos matrimonios mixtos hacían mucho daño a la Iglesia Católica, pues no sólo eliminaban fieles de sus iglesias, sino que al pasar los matrimonios a la línea patriarcal árabe, pasaban de la zona de influencia cristiana a la musulmana. estos dos elementos hicieron que fueran desaprobados por la jerarquía eclesiástica, incluso por el papa Adriano en una carta entre 785 y 791.

Haciendo un pequeño resumen esquemático de las distintas épocas que nos interesan en este momento, recordemos:

  •  Hispania era provincia del Imperio Romano de Occidente y fue invadido por los pueblos bárbaros y  por tanto también la península Ibérica. En concreto, los Suevos, Vándalos y Alanos en el 409 empujados por la emigración militar de pueblos de las estepas orientales, sobre todo por los Hunos. Uno de los pueblos bárbaros que padeció esto fueron los godos en sus dos líneas: los Ostrogodos y los Visigodos. Los Visigodos llegaron a un acuerdo de colaboración con Roma "federati" y tuvieron su capital en Tolosa. Pero en el 507 fuero desalojados de allí por los Francos en la Batalla de Vouillé.

  • Los Romanos que estaban en un momento de extrema debilidad sin posibilidad económica ni militar para mantener el orden dentro de las fronteras definidas como las "limes de Diocleciano" acordaron que los Visigodos penetraran en la península Ibérica y se alojaran en la Tarraconense ya efectiva en el 416 y lucharan contra los otros pueblos bárbaros en nombre de Roma, en especial contra los Suevos.

  • Los Alanos son eliminados, los Vándalos asdingos también y restos  de éstos se unen a los del sur, los silingos, que atraviesan en dirección sur el estrecho y marchan al norte de África. Los Suevos quedan arrinconados en el noroeste de la Península.

  • Tãriq "el Tuerto", Müsà b. Nusayr y Abd al-Aziz extienden el Islam a la península Ibérica. Donde tuvieron poca resistencia salvo en puntos aislados como en Mérida (Emerita Augusta).

  • Pelayo vence en la batalla de Covadonga en el 722 y inicia el Reino Astur como primer reino cristiano del Norte.

  • Los francos ponen coto a la penetración de los musulmanes en la Galia mediante la victoria de Carlos MartelValle prepirenaíco navarro del Roncal en Poitiers y la creación de diversos condados que conformaron las marcas Gótica e Hispánica en tiempos de Carlomagno.

  •  Llega a Córdoba en el 756 el príncipe omeya Abd al-Rahmãn   "el Inmigrado" creando el emirato omeya de Occidente.

 

  • En el 929 Abd al-Rahmãn  III "al-Nasir" se autoproclama Califa con el título de "Príncipe de los Creyentes" convirtiéndose en uno de los gobernantes más poderosos del mundo entonces conocido.

  • Se desarrollan los reinos cristianos del norte: así el Reino Astur se extiende hasta la línea del Duero, traslada su capital de Oviedo a León y se convierte en el reino Astur-leonés o de León. El Reino de Pamplona se convertirá en el de Navarra, los condados catalanes se liberarán del poder franco y carolingio y se convertirán en independientes y se irán aglutinando en torno al Condado de Barcelona. El Condado de Aragón y de Castilla toman carta de naturaleza y se convierten en reinos. El reino de Valencia y de Mallorca se asocian con el de Barcelona y Aragón. 

La historia de la Edad Media de la península Ibérica puede verse también desde la estructura del poder político. Así podemos considerar que los Visigodos mantenían un protofeudalismo, o feudalismo primitivo de corte germánico hasta la llegada de los musulmanes en el 711. A partir de entonces se produce una fractura entre la dictadura tributaria de al-Andalus y los reinos feudales cristianos del Norte (Pamplona, León, Navarra, Castilla, Aragón, los Condados Catalanes etc.). A partir del fenómeno unificador de los Reyes Católicos, con unificación territorial , económica, religiosa  y militar, se da el paso decisivo para las monarquías autoritarias que son la llave de la Edad Moderna. 

 

Siglo V al 711 711 al 1492 Después 1492
Visigodos

Otros pueblos bárbaros:

        Suevos ,Vándalos y Alanos

al-Andalus

Reinos Cristianos del Norte

España de los Reyes Católicos
Feudalismo primitivo germánico Dictadura oriental tributaria

Feudalismo Cristiano

Monarquía autoritaria

Estado Cristiano Moderno

Alta Edad Media Alta, Plena y Baja Edad Media Tránsito a la Edad Moderna

Volviendo a los hechos del 711 y siguientes, nos preguntamos cómo era la composición de los musulmanes que invadieron la Península Ibérica, es decir,  cómo de homogéneos y de qué origen u orígenes tenían aquellos hombres de comienzos de siglo VIII que movidos por la fe y quizá también por las riquezas de  la orilla norte del Mediterráneo se embarcaron rumbo a las costas de Europa.

La invasión europea de los islamitas puso en contacto dos civilizaciones: la cristiana y la musulmana. Estas dos comunidades entonces englobaban  a  personas articuladas entre sí por fuerzas de cohesión distintas que de alguna forma ayudan a entender  su actitud y su proyección al futuro. Las fuerzas de los cristianos  eran más elaboradas, y las musulmanas más íntimas. En forma más esquemática en el siguiente cuadro de la derecha.

 

La llegada de diferentes contingentes musulmanes  hizo que en muy breve tiempo una masa crítica de islamitas estuviesen dispuestos para la lucha y la conquista de la Península Ibérica.

En Damasco, Dayr Hanina, el año 750 ocurrió una matanza histórica que alteró sustancialmente los hechos y con honda repercusión en al-Andalus. Los Abbasíes mataron no sólo al Califa de entonces, Marwan II, sino a toda su familia por lejana que fuese. Fue un intento de exterminio de los Omeyas de entonces. Pero el terrible magnicidio, no logró su último objetivo, pues escaparon dos  príncipes que se encontraba en una almunia lejana: el príncipe ‘Abd al-Rahmãn y su hermano.

Su hermano fue asesinado, pero ‘Abd al-Rahmãn logró salvar la vida y con la ayuda  de los clientes omeyas fue saltando de un lugar a otro hasta las cercanías de Ceuta, refugiándose en la tribu Miknasa y en la Nafza a la que pertenecía su madre. Tras permanecer  hasta el 755 en el norte de África y recibir los informes del cliente omeya Badr, atravesó el  Mediterráneo desembarcando en Almuñécar el 14 de agosto del 755.

 

 

 

Desde el desembarco en la costas granadinas en agosto del año 755, se producirá el viaje hasta Córdoba, Capital de gualiato abbasí en aquel entonces y bajo el mando del experto militar y gobernador, al-Firhí. El príncipe omeya, ‘Abd al-Rahmãn "el Inmigrado"  se moverá por diversas  comarcas en un viaje aún un poco confuso pero que tiene dos elementos fundamentales:

 

Abd al-Rahmn I (Almunécar)

Abd al-Rahmãn I

Proclamación como "Emir" de Abd al-Rahmãn "el Inmigrado" en Archidona según unos en Córdoba según otros, incluso en Sevilla para un tercer grupo.

 

Castillo de Archidona, capital de la Cora de Rayya

Castillo de Archidona de la Cora de Rayya

Victoria contra el  gualí al-Fihrí

 en la Batalla de al-Mussara en las cercanías de  Córdoba.

 
Muralla de Córdoba, empezada a construir por Abd al-Rahman I

Muralla de Córdoba

Así comienza el periodo del  Emirato Omeya de Córdoba, al que seguirá el  Califato hasta su disgregación en  los primeros Reinos de Taifas, seguidos por almorávides, almohades y el postrer reino nazarí  de Granada en la vida de al-Andalus.

 

FIN