Santa María de Lebeña, joya mozárabe

 

 

Desde la puerta, las nieves nos  miran y las miramos, el frío nos  encoge el ánimo y el esplendor  del paisaje nos conforta como las grandes verdades.

 

 

 

 

 

 

El mozárabe asturiano de siglo X nos espera para asombrarnos

En Cantabria, en plenos Picos de Europa, el viajero interesado puede encontrar un paraje de singular  belleza: el valle del Liébana.

 

Un angosto valle de verdor infinito,  de tonos y matices muy diversos nos  acoge. Piedras milenarias, nieves  cercanas y río brioso nos producen  emoción y encantamiento. Lugar predestinado al enterramiento de santo, que en iglesia sin campanario terminó, hasta que un arquitecto de tiempos más cercanos deshizo tal entuerto y con singular arte dotó de campanario exento a la iglesia mozárabe del valle.

 

 

 

 

 

 

Un camposanto pequeño recoge el  eterno descanso de lugareños  al pie  de la montaña, en su valle y  junto  a Santa María de Lebeña.

 

El agua de vida que en estas altas cumbres se presenta en las tres fases de la materia, como líquido, su esencia de río nervioso y lenguaraz, de sólida nieve que las verdes praderas adorna y el vapor de las nubes apiñadas entre estos picos que son de Europa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La mampostería de los paños es bordeada por los esquineros de piedra que le dan solidez y naturaleza. 

Los maestros constructores aprovecharon las rocas del terreno y bien por fuera, bien por dentro nos son visibles.

 

 

Rito de iniciación jamás pudo ser  mejor ubicado que en este lugar donde el agua de la montaña bendecida acoge con solicitud al nuevo miembro de la comunidad.

 

 

 

 

 

Los arcos de medio punto de la  nueva puerta del mediodía reciben al viajero y  le dan un respiro ante las inclemencias del tiempo. Desde este punto una naturaleza absorbente domina la escena.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los paramentos permiten al artista expresar su gusto estético y marcar de forma nítida la identidad de la obra. Los colores, los matices son ahora expuestos en ménsulas y carteleras.

 

 

 

 

Y el arco triunfal al igual que el anterior del baptisterio no serán musulmanes, serán de medio punto. ¡Quién sabe que significados circuló por la mente del constructor!

Fustes que rematan en corintios capiteles con hojas de acanto. Conceptos como la eternidad se hacen  presentes en la mente del artista y los trasladan a las de los viajeros. Y sobre éstos los cimazos de  pirámides truncadas dan base al arco. Las collarinas con fábrica de soga son características de este mozárabe arte medieval y asturiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

Bellísimos modillones sujetan los aleros. Dibujos de significado incierto que nos llevan muchos siglos atrás y marcan de manera indeleble la memoria del amante del arte.

 

 

 

 

 

 

Armonía de líneas que se entrecruzan por la distinta altura, nos permite admirar la sencillez elegante de cubiertas, tejas, ménsulas y placas geométricas.

Y fuera un breve paseo perimetral nos permite aunar dos  aspectos diferentes y complementarios: la obra del hombre y la naturaleza que la acoge.

 

Ventanucos rectangulares permiten que una tenue luz penetre en el interior consagrado y recree una atmósfera propicia al recogimiento.

 

La puerta ciega no siempre lo fue, sino que por ella miedos, esperanzas, amores y desencantos transitaron en pos del consuelo. Cegada,  para proteger a los fieles de los temporales azotadores, fue sustituida por otra que al sur orientada fuese más acogedora.

Rectitud de líneas que orientan al cielo gris, frío y austero de las montañas cántabras.

 

 

Una  joya de arquitectura del  siglo X nos estimula  generosamente para conocer toda su histórica  belleza.

Planta en cruz bizantina con techumbres a varias alturas y sin campanario componen el conjunto inicial. Rastros escritos desde el 925 de nuestra era nos entroncan con esta realidad montañesa.

 

 

Quizá desde la lejanía de los tiempos este sitio haya sido asiento de ritos y creencias, quizá el símbolo solar de  esta piedra aquí encontrada sea fruto de celtas y una estela funeraria  su  función encomendada. Un oportuno sincretismo la ha acoplado en iglesia cristiana.

Los vanos cuadrangulares se  abocinan en el interior y dan luz a  un mundo de belleza y contrastes que trasciende lo terreno y trasporta al orante.

 

 

 

Los pilares compuestos aparecen  quizá por vez primera en la Península Ibérica. Núcleos cuadrangulares son rodeados por columnas en número de cuatro en un conjunto sólido, unitario, a un tiempo que complejo y de sutil suntuosidad.

 

 

 

 

 

Un tejo de gran experiencia afila sus  armas para la lid. Punto mítico en  el que celtas, suevos, visigodos y  astures al fin se conjuraban con el dios de la guerra.

 

FIN