LAS NAVAS DE TOLOSA: UNA BATALLA QUE CAMBIÓ EL DESTINO

 

 

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 Introducción

Las grandes batallas de la Historia de España a menudo han sido infravaloradas frente a otros enfrentamientos bélicos, pero no hay que olvidar que desde la Edad Antigua, nuestro país ha sido manchada por la sangre de innumerables hechos de armas, desde las guerras púnicas en adelante y que están perfectamente integradas en la historia Europea siendo en muchas ocasiones guerras que han marcado la historia mundial.

No es el objetivo de este articulo hacer un análisis riguroso de esta batalla, sino mas bien, hacer una breve descripción didáctica con texto e imágenes de soldados a escala de cómo pudo ser el enfrentamiento  bélico aquella mañana de julio de 1212.

1.1           La península ibérica a finales del siglo XII

La caída del imperio Almorávide por los Almohades en el norte de África significa La formación de los segundos reinos Taifas supuso el avance de la expansión de los reinos cristianos. Los ejércitos de Castilla y León, con Alfonso I como monarca, ocuparon Zaragoza y realizaron expediciones por tierras valencianas, murcianas y andaluzas; aunque fueron derrotados por los musulmanes en Fraga (1134). Aún así, los castellano-leoneses conquistaron la cuenca del río Tajo y Almería. Por su parte, las tropas portuguesas tomaron Lisboa, Santarem, Almada y Setúbal (1139-1147). Por otra parte, los catalano-aragoneses ocuparon el valle del río Ebro, en el año 1149.

2       ¿Quiénes eran los almohades?

Al mismo tiempo que los almorávides eran derrotados en Al-Ándalus por los guerreros cristianos, su imperio africano desaparecía.  Un nuevo imperio, el Almohade aparecía y los derrotaba en África.  

Los Almohades fueron un imperio berebere norteafricano que dominó la España musulmana en las últimas décadas del siglo XII y la primera mitad del siglo XIII. Los Almohades surgieron como un movimiento religioso reformista que aglutinó a diversas tribus montañesas del Atlas (África del norte). Su dirigente, Ibn Tudmar (c. 1089-1128), se opuso a los almorávides. Sus seguidores recibieron el nombre de al-muwahhidun, 'los partidarios de la unicidad', de dónde salió el nombre dado a este imperio.

 

 

2.1 Los Almohades llegan a la Península Ibérica

Al tiempo que extendían su imperio por las tierras del Magreb (norte de África), los
Almohades llevaron a cabo la conquista de Al-Ándalus, que se había fragmentado de nuevo en reinos de taifas ante la desaparición del poder almorávide. 

El dominio de la Península se inició en 1147 con la ocupación de Sevilla, pero no terminó hasta 1172. En esta fecha, el segundo califa almohade Yusuf I (1163-1184) conquistó el reino de Valencia y Murcia. Sevilla se convirtió en la capital andalusí del Imperio Almohade.

Lograda la unificación de Al-Ándalus, los Almohades aumentaron su ataque contra los reinos cristianos. El gran ataque se produjo en 1195. El califa Yusuf II (1184-1199) aplastó al ejército castellano dirigido por Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. La gravedad de la situación obligó a los reyes cristianos a relegar sus diferencias internas para hacer un frente común contra los almohades. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3       La cruzada contra los Almohades

En 1177 el ejército castellano de Alfonso VIII recuperaba la ciudad de Cuenca. La reacción almohade provocara el desembarco del Califa Yakub ben Yusuf Almansur en 1195. Cuando en 1184 se produce la muerte del Califa Abu Yakud Yusuf I, se proclama Califa a Yakub ben Yusuf Almansur, que se encontraba en Sevilla, desde donde marchó hasta Tarifa, donde se encontraba la flota.

El Califa Yakub ben Yusuf Almansur desde Alcazarseguer pasa a Al-Andalus, cruzando el Estrecho de Gibraltar el 30 de junio de 1195. El ejército Almohade en la batalla de Alarcos (Córdoba) infringió una impresionante derrota al ejército castellano de Alfonso VIII. Como consecuencias de la batalla, se perdían el valle del Guadiana, el curso medio e inferior del río Tajo, que no podrían recuperarse hasta casi veinte años después en la batalla de las Navas de Tolosa.

 El 16 de mayo de 1211, el Califa Mohamad ben Yakub pasa al Al-Andalus tratando de emular las hazañas de su padre. Allí estuvo hasta el día 21 de mayo recibiendo homenaje de Caídes, Alfaquíes y Gobernadores de Al-Andalus. El rey castellano Alfonso VIII hizo saber al Papa Inocencio III que emprendería la cruzada en la primavera del año siguiente, en la octava de Pentecostés, entre los días 20- 27 de mayo de 1212.

Inocencio III ordenó predicar la cruzada en Francia y mediante otra Bula, durante el tiempo que durase la cruzada contra los Almohades, decretaba la excomunión para los monarcas cristianos que atacasen otros territorios cristianos peninsulares, así como a los cristianos que ayudasen a los Almohades o se uniera a ellos.

 

La Cristiandad occidental se mantuvo en estado de alerta ante el temor de una posible invasión de los Almohades más allá de los Pirineos. Como consecuencia, la llamada papal tuvo eco incluso en la región del Lamguedoc, donde se desarrollaba simultáneamente la cruzada contra los herejes cátaros.

Numerosos señoríos franceses respondieron al llamamiento del Arzobispo de Burdeos, el Obispo de Nantes, el Conde de Astarac, Theobald de Blazon 'Señor de Poitou', el Vizconde de Turena, el belicoso Arzobispo de Narbona, Arnau Amalric, entre otros. El rey navarro Sancho VII 'El Fuerte' (1154-1234), olvidando su tradicional enemistad con Alfonso VIII, acudió a Toledo al frente de doscientos de sus mejores vasallos.

También acudieron a la cruzada los Maestres de las Órdenes del Temple y de San Juan de Jerusalén, así como numerosos caballeros de las Órdenes de Calatrava y Santiago. Por su parte, el rey de León y Galicia, Alfonso IX (1188-1230) condicionó su participación a la devolución de ciertas plazas arrebatadas por los castellanos y, lejos de unirse a la campaña, aprovechó la concentración de tropas en Toledo para atacar la región de Tierra de Campos.

 

Pedro II 'El Católico' (1177-1213), rey de Cataluña y Aragón, fue el primero de los monarcas españoles en acudir a la cita dada por Alfonso VIII. El 27 de mayo de 1212 llegaba Pedro II con sus mejores caballeros a la ciudad de Toledo. El rey castellano Alfonso VIII y el Arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada (1170-1247), organizador de la campaña contra los Almohades, antes de emprender la marcha hacia el sur peninsular, decidieron esperar a la llegada de todos los contingentes.

El 3 de junio de 1212 llegaban a Toledo las huestes ultramontanas dirigidas por el Arzobispo de Narbona, formadas por las tropas del Poitou, Bretaña, Limoges, Santonge y Burdeos.

Las huestes ultramontanas, en su mayor parte procedían del ejército que Simón de Montfort había reunido para combatir a los albigenses. Las huestes, acostumbrados al pillaje y a la devastación que los cruzados practicaron en el Languedoc, nada más llegar a Toledo arremetieron contra su judería. El pueblo de Toledo consiguió expulsarles de la ciudad, pero los franceses devastaron entonces las ricas tierras de la Huerta Real y el Alcardete.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4       Los primeros días antes de la Batalla

El 20 de junio de 1212 la expedición cristiana se ponía en marcha. La cabeza del ejército quedaba formada por los cruzados franceses, con Diego López de Haro 'Señor de Vizcaya', las tropas del obispo de Nantes y de los arzobispos de Burdeos y Narbona.

El cuerpo central del ejército estaba formado por tropas aragonesas y catalanas, acompañadas por los templarios. En la retaguardia de la expedición, las tropas de Alfonso VIII de Castilla y efectivos de Portugal y León a cargo de Maestres del Temple y San Juan.

El 24 de junio de 1212, los cruzados franceses, en la cabeza del ejército, separados del cuerpo central de ejército, asaltaron el Castillo de Malagón (Ciudad Real) pasando a cuchillo a sus moradores, primera fortaleza almohade que encontraron en el camino.

 

Reagrupada la expedición cristiana, el 29 de junio de 1212 tomaron con rapidez el Castillo de Calatrava. La decisión del monarca castellano Alfonso VIII de perdonar la vida a los musulmanes y dejarles marchar provocó el abandono de los cruzados franceses. La ayuda extranjera quedaba reducida a los ejércitos del arzobispo de Narbona y el Señor del Poitou.

 

En campo almohade, el califa Mohamad ben Yakub (595 - 610 H. / 1198 - 1213), conocido como el 'Miramamolí', reunía sus tropas en Sevilla. Ante el avance del ejército cristiano, el califa almohade dirigió sus tropas hacia Sierra Morena, distribuyendo avanzadas por los desfiladeros y gargantas de Despeñaperros.

El califa acampó en el Castillo de Ferral, frente al desfiladero de la 'Losa', en donde se había posicionado gran parte del ejército musulmán.

Ante la posición estratégica de los Almohades en Despeñaperros, el avance del ejército cristiano era una maniobra suicida. Entre las deliberaciones cristianas, el rey aragonés Pedro II 'El Católico' y el rey navarro Sancho VII 'El Fuerte' se inclinaban por hacer retroceder al ejército para buscar un paso más seguro.

De otra parte, el rey castellano Alfonso VIII se negaba convencido de que una retirada causaría una deserción masiva en el ejército cristiano. Finalmente, se decidió avanzar a la desesperada hacia Despeñaperros.

Las crónicas narran un suceso providencial, un pastor de la comarca se ofreció a guiar al ejército cristiano por un paso que los Almohades no podían atacar. El paso actualmente recibe el nombre de 'Paso del Rey', que desemboca en una gran explanada, entre las poblaciones de Miranda del Rey y Santa Elena.

El ejército cristiano lo atravesó sin dificultad y acampó en la citada explanada.

 

Se acordó que las tropas castellanas ocupasen la primera línea de avance, mientras que Sancho VII se encargaría del segundo cuerpo de ataque y el rey aragonés Pedro II se quedaría en la retaguardia al frente de la caballería catalano-aragonesa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5  La batalla

 

5.1 Composición de los ejercito (armamento y tácticas)

El ejército cristiano estaba formado por:

*       Tropas Castellanas: Al mando del rey Alfonso VIII de Castilla, “comandante en jefe”  junto con 20 milicias de Concejos Castellanos, (Medina del Campo, Madrid, Soria, Palencia, Almazán, Medinaceli, Béjar y San Esteban de Gormaz..). Constituían el grueso de las tropas cristianas Su líder D. Diego López II de Haro, señor de Vizcaya, fue con Martín Halaja, un pastor del lugar que indicó el puerto por donde atravesar   Sierra Morena sin peligro, pues el resto de los pasos estaban controlados por los Almohades.

*       Nobles Navarros con el rey Sancho VII de Navarra

*       Tropas aragonés junto a su rey  Pedro II de Aragón

*       Las tropas portuguesas acudieron a la llamada de cruzada, pero no contaron con la ayuda de su rey.

*       Algunos caballeros leoneses sin el apoyo de su rey Alfonso IX,

*       Las tropas de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Temple y San Juan (Malta).

*       Un gran número de cruzados provenientes de otros estados europeos o ultramontanos(en su mayoría franceses), llegaron atraídos por la llamada del Papa Inocencio III, Entre los convocados extranjeros figuraban también tres

*       obispos, los de las ciudades francesas de Narbona, Burdeos y Nantes.

El numero en las fuentes varia entre los 20.000 y 75.000.

Táctica

El plan de combate de los reyes cristianos debía algo a la experiencia ajena, a los cruzados de Siria. Después del encuentro de Doriela, que enfrentó por vez primera en batalla campal a cruzados y turcos en 1097, los cristianos desarrollaron nuevas tácticas para evitar que las ligeras y ágiles tropas musulmanas los cercaran. Bohemundo, el gran táctico cristiano, ideó proteger los flancos del ejército con obstáculos naturales, conservar la formación cerrada para evitar el desmoronamiento de las líneas y sobre todo, mantener un cuerpo de reserva con el que atacar al enemigo cuando intentara cercar al cuerpo principal. En Palestina, la reserva era mandada por Bohemundo personalmente. En las Navas de Tolosa vemos a Alfonso VIII al frente del cuerpo de retaguardia. De la oportuna intervención de esta reserva, ni demasiado pronto ni demasiado tarde, dependía el resultado de la batalla. Por tanto El punto fuerte del ejército sin duda eran la caballería pesada, el avance de dicha caballería en campo abierto era imposible de detener salvo por contigentes de caballería pesada o usando la táctica empleada por los musulmanes con arqueros ligeros a caballo (clave en la derrota de Alarcos años antes) la caballería pesada su principal dificultad es la maniobrabilidad.

El ejército musulmán estaba formado por:

 

·                    En primera línea se situaba la infantería ligera africana reclutada en el Alto Atlas.

·                    La segunda línea se disponían la infantería pesada de Al-Andalus.

·                    El Ejército Almohade se encontraba detrás de los andalusíes, con la caballería cubriendo los flancos.

·                    Guerreros de la yihad de otros territorios del Islam llamados a la guerra Santa

·                    Tras la caballería almohade, que combatía con lanza y espada, se encontraban contingentes de elite de arqueros a caballo turcos conocidos como Agzaz.

·                    Al final, formando una línea en torno a la tienda  del sultán, se encontraba la llamada Guardia Negra (también denominados imesebelen), integrada por soldados fanáticos procedentes del Senegal. Grandes cadenas los mantenían atados para no poder huir y luchar hasta la muerte

Se habla de un número entre 50.000 y 120.000 quizás exagerado

 

 

Táctica

Los Almohades el armamento defensivo se limitaban prácticamente al escudo. Sus peones iban provistos de lanzas y espadas, azagayas, arcos y hondas. El predominio de las armas arrojadizas en el campo musulmán se refleja en las enormes reservas de flechas y venablos que cayeron en manos de los cristianos. El arzobispo de Narbona calculó que dos mil acémilas no serían suficientes para transportar las cajas de flechas encontradas.   

Primero sus tropas ligeras desorganizarían y cansarían al enemigo. En la vanguardia pondría sus peores tropas, la muchedumbre de fanáticos voluntarios árabes, beréberes, Almohades y andalusíes atraídos por la Guerra Santa, los que aspiraban a ganar el Paraíso. Mientras los cristianos se cebaban en esta carne se cañón y la perseguían hasta posiciones desventajosas, los hábiles arqueros de Al-Nasir sembrarían la muerte en las líneas castellanas. Cuando el enemigo estuviera cansado y en terreno desventajoso, entrarían en combate los Almohades para dar el golpe de gracia. Si alguna carga de los cruzados llegaba hasta el cuerpo de zaga o retaguardia almohade, las formidables defensas de su palenque y la guardia bastarían para detenerla.

El secreto de los arqueros turcos radicaba en sus arcos especialmente potentes y en la táctica que empleaban. Podían disparar con el caballo a todo galope y en cualquier dirección.

La táctica de envolver a la caballería pesada usando los arqueros a caballo hostigando al enemigo desde los flancos y que supuso una terrible derrota años antes en Alarcos a las tropas de Alfonso VIII

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5.2 Disposición en el terrero

 

Por fin se encontraban los dos inmensos ejércitos frente a frente sin obstáculo natural que los separase. Perdida su ventaja inicial, Al-Nasir decidió plantear la batalla lo antes posible para evitar que los cansados cristianos y sus caballos se repusieran de las fatigas de la caminata. Formó pues a su ejército en orden de combate, se situó favorablemente sobre el terreno y envió columnas de caballería y arqueros para que hostigaran a los cristianos en sus posiciones. Pero los reyes cristianos no mordieron el anzuelo y la actividad bélica de la jornada se redujo a pequeñas escaramuzas sin importancia.

Al día siguiente, domingo, 15 de Julio los Almohades amanecieron formados en orden de combate y se mantuvieron de esta guisa hasta mediodía, pero los cristianos eludieron nuevamente el encuentro y se contentaron con escaramuzar...

Cuando clareo el día ya se habían desplegado las fuerzas. En el campo cristiano tres cuerpos de ejército dispuestos en línea ocupaban la llanura. El central estaba formado por las tropas de Castilla; a su izquierda, las de Aragón con Pedro II al frente y a la derecha los navarros de Sancho el Fuerte. Las dos alas habían sido forzadas con tropas de varios concejos castellanos. Cada uno de estos cuerpos estaba a su vez dividido en tres líneas ordenadas en profundidad.

La vanguardia del cuerpo central, que sería el eje de la lucha, iba mandada por el veterano don Diego López de Haro. En la segunda línea se ordenaban los caballeros templarios, al mando del Maestre de la Orden, Gómez Ramírez; los caballeros hospitalarios, los Santiaguistas de Uclés y los de Calatrava.

En la retaguardia iba Alfonso VIII acompañado por el arzobispo de Toledo don Rodrigo Ximénez de Rada y otra media docena de obispos castellanos y aragoneses y probablemente también por el arzobispo de Narbona. Los nobles caballeros y freires de las órdenes militares eran guerreros profesionales y se hacían acompañar de peones y servidores igualmente experimentados, pero a las tropas de los concejos, aportadas por las ciudades castellanas, les faltaba experiencia guerrera y entrenamiento. Por eso se había dispuesto que combatieran mezcladas con las tropas profesionales. De este modo la calidad sería más homogénea y la infantería y la caballería se prestarían mutuo apoyo.

 

 

5.3 El combate

Los ejércitos cristianos llegan el viernes 13 de julio de 1212 a Navas de Tolosa, o llanos de La Losa, cercanas a la localidad de Santa Elena al noroeste de la provincia de Jaén, y se producen pequeñas escaramuzas durante el sábado y domingo siguientes. El lunes 16 de julio a primeras horas del día se inicia el combate

Tras una carga de la primera línea de las tropas cristianas, capitaneadas por el vizcaíno Diego López II de Haro, los Almohades, que doblaban ampliamente en número a los cristianos, realizan la misma táctica que años antes les había dado tanta gloria. Los voluntarios y arqueros de la vanguardia, mal equipado pero ligero, simulan una retirada inicial frente a la carga para contraatacar luego con el grueso de sus fuerzas de élite en el centro.

A su vez, los flancos de caballería ligera almohade, equipada con arco, tratan de envolver a los atacantes igual que en la batalla de Alarcos, Al verse rodeados por el las fuerzas Almohades, acude la segunda línea de combate cristiana, pero  es insuficiente, la batalla parece perdida. La desbandada cristiana comienza con las tropas de López de Haro que habían sufrido terribles bajas, solo el capitán y su hijo, junto a Núñez de Lara y las Ordenes Militares resisten como pueden pero les queda poco tiempo.

El miedo se apodera del ejecito cristiano, viendo lo que sucedía, los reyes cristianos al frente de sus caballeros e infantes inician una última carga con el resto de fuerzas cristianas. Este acto de los reyes y caballeros cristianos infunde ánimos que hacen renovar el brío contra los musulmanes. Los flancos de la milicia cargan contra los flancos del ejército almohade y los reyes marchan en una carga imparable. Según fuentes, el propio rey Sancho VII de Navarra aprovechó la ocasión y se dirigió directamente a la tienda de Al-Nasir. Los  caballeros navarros, junto con parte de su flanco, atravesaron su última defensa: los im-esebelen, que sucumbió no sin antes provocar una gran matanza entre los cristianos An-Nasir se mantenía en el combate dentro del campamento. Después vino el desastre, el ejército almohade se hundió, e inicio una retirada a la desesperada con An-Nasir a la cabeza. La victoria estaba al lado del bando Cristiano

 

 

 

 

 

 

 

 

En el momento que los caballeros arqueros musulmanes no pudieron maniobrar ante las líneas tan juntas, su táctica se vino abajo pues la carga de la caballería pesada cristiana era imparable, por eso, la ultima carga definitiva de los reyes cristianos con tropas de elite, caballeros, fue tan determinante justo en el momento que el los batallones cristianos iniciaban la retirada.

5 Consecuencias de la batalla

Como consecuencia de esta batalla, el poder musulmán en la Península Ibérica comenzó su declive definitivo y la Reconquista tomó un nuevo impulso que produjo en los siguientes cuarenta años un avance significativo de los llamados reinos cristianos, que conquistaron casi todos los territorios del sur bajo poder musulmán. Consecuencia inmediata fue la toma de Baeza, que posteriormente retornó a manos Almohades. La victoria habría sido mucho más efectiva y definitiva si no se hubiera desencadenado en aquellos mismos años una hambruna que hizo que se demorara el proceso de reconquista. La hambruna duró hasta el año 1225.

Al-Nasir nunca se repuso del desastre de las Navas. Abdicó en su hijo, se encerró en su palacio de Marraquech y se entregó a los placeres y al vino. Murió, quizá envenenado a los dos años escasos de su derrota. Alfonso VIII sólo lo sobrevivió unos meses. Pedro II de Aragón, el rey caballero, pereció al año siguiente en la batalla de Muret, combatiendo a los cruzados que Inocencio III había convocado contra los herejes albigenses (Pedro II estaba auxiliando a su cuñado Raimundo IV de Tolosa), Sancho el Fuerte de Navarra sobrevivió veintidós años a la batalla.

6 Análisis final

A veces ocurre que ciertos hechos provocan cambios sustanciales inevitablemente en la condición humana estos han sido siempre ligados a conflictos bélicos, las Navas de Tolosa supusieron el final y el principio: El final de una era en muchos sentidos, el dominio musulmán que tantos logros había traido y el predominio cristiano que solo tuvo éxito cuando aquellos avances que los musulmanes del siglo VIII incorporaron de la civilización grecorromana fueron asimilados por los reinos cristianos que perdieron con el tiempo la esencia germana, volviendo a ser de nuevo los herederos de la civilización clásica.

 

 

 

 

Textos y figuras: Alberto Ruiz Rodríguez

Fotografías: Mari Carmen Ruiz Rodríguez

Información recopilada de distintas fuentes de internet

 

Bibliografía