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Emires omeyas de occidente

Francisco Fortes con fotografía: Elsje Fokkelman

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El lento transcurrir de las aguas del  río Guadalquivir nos sugieren las esencias de los tiempos pasados.  Córdoba,  desde los primeros momentos de la invasión musulmana en el  año 711,  fue designada como capital de al-Andalus.

 Tras las expediciones de Tãriq b. Ziyad "el  Tuerto" y de su jefe Mûsà b. Nusayr y su hijo Abd al-Aziz,  se instaura un gualiato con capital en  Córdoba. Irán sucediéndose  un gran número de gualíes o gobernadores, representantes del  poder del Califato de omeya de Damasco primero, y abbasí de Bagdad después.

En el año 756, siendo gualí  de Córdoba Yûsuf al-Fihrî, (746-756) se produce la batalla de al-Mussara en las puertas de  la capital cordobesa. El gualí, que había  intentado por todos los medios, diplomáticos, políticos y militares, eliminar al príncipe omeya superviviente de la matanza abbasí de Damasco del año 750, es vencido por éste. Él príncipe omeya había jugado bien sus cartas y los apoyos recibidos por los clientes omeyas -mawãlî- de su dinastía y  por los yemeníes descontentos con los tratos discriminatorios y contrarios al Islam de Yûsuf al-Fihrî.
'Abd al-Rahmãn "al-Dãjil"  o "el Inmigrado"  es el príncipe fugitivo que  fue proclamado  en el 756 emir  en  Archidona. ‘Abd al-Rahmãn  hubo desembarcado en  Almuñécar el 14 de agosto  anterior, en el 755, pero  cuando lo hizo ya había  un ejército en pie de guerra y dispuesto a seguirle.

Con la llegada de ‘Abd al-Rahmãn "al-Dãjil"  a Córdoba comienza el  Emirato omeya de  occidente.  "El  Inmigrado"  es proclamado emir,  pero no califa, por lo que a título religioso  siguió vinculado con el  Califato de sus enemigos y de toda su estirpe que aún se encontraban la recientemente usurpada Damasco. El vínculo religioso no tenía en cambio correlato militar ni político para lo que fue proclamado emir. Pero para que aún quedase más nítida  su posición  a partir  del  año 774 el nuevo reino cordobés se declara " Emirato independiente", ya entonces de  Bagdad, pues a esta ciudad se  trasladó el califato de los Abbãsíes en el 762. La primera  situación  se  puede  apreciar  en la numismática al seguir produciendo dirhems de plata  con la  tradición de acuñaciones del periodo de "la conquista"  o de los  gobernadores. Interesante es  saber y reflexionar que desde el primer  momento de la conquista musulmana se produjo esta  labor de acuñación como signo inequívoco de deseo de permanencia en  Hispania convertida  en  al-Andalus.

‘Abd al-Rahmãn I había nacido en Damasco en el año 731, nieto del califa HiŠãm, tenía 19  años de edad  cuando corría  el 750 y una aciaga tarde sufre la matanza  de casi toda su familia quedando como único  superviviente decían los textos clásicos, hoy sabemos que al menos un hermano y una  hermana sobrevivieron, es  más, el varón  también vino a  al-Andalus  en los primeros tiempos y que, una vez ya instalado aquí,  el príncipe ‘Abd al-Rahmãn invitó a  vivir en su reino a su hermana, la que, al parecer, no aceptó .

La historia de la dinastía omeya es apasionante y en especial la de  ‘Abd  al-Rahmãn adquiere tintes épicos, pues  tras esconderse primero  por oriente y después por el norte de África consigue atravesar el  Mediterráneo con  apenas 25 años para liderar al-Andalus.

  • 750 mataza abbasí en Damasco

  • 755 atraviesa el Estrecho 'Abd al-Rahmãn I

  • 756 es proclamado emir en Archidona, vence la batalla de al-Mussara y entra en Córdoba.

  • 762 El Califato abbasí de Damasco se traslada a la recién construida ciudad de Bagdad.

  • 774 'Abd al-Rahmãn I declara a al-Andalus Emirato Independiente.

 

La familia omeya que no había apoyado con claridad al Santo Profeta en sus primeros años, gracias a sus habilidad política, logró ponerse al  mando de la nueva religión y del  nuevo Imperio que nació  en la península  Arábiga.

En el 750 el último califa omeya de oriente Marwan II y todos los suyos son exterminados por los  abbasíes de Abú-l-Abbas apoyado por los chiíes. Desde la masacre, el príncipe superviviente,  lleva una  vida errante, de fugitivo,  por diversas zonas hasta que emprende el  peligroso camino por el norte de  África, donde va esquivando la persecución de los abbasíes  y se refugia en las cercanías de Ceuta, en las tribus de los Miknasa y de los Nafza  a la que pertenecía su madre. Desde allí, es  informado de lo que acontecía por los clientes omeyas (mawãlî) y en especial por su entonces colaborador  Badr. Las  informaciones le llenaban sus oídos  no sólo en lo que había dejado atrás, sino en lo que ocurría en la  otra orilla del mar, donde los hombres de Tãriq b.  Ziyad "el   Tuerto" cuatro décadas antes habían invadido.

En agosto del 755 ‘Abd al-Rahmãn atraviesa el mar Mediterráneo para desembarcar en la costa granadina en la  localidad de Almuñécar; era el 14 de agosto y estaba acompañado por  Badr, Abú Gãlib y entre 11 y 25  personas más. Tras viajar por Turrûs,  que parece estar en Iznájar y más tarde en Loja, llega a Arxijuna, la  Archidona actual, donde es aclamado y proclamado emir.

La llegada del príncipe omeya y  su  éxito,  entre los clientes omeyas y los yemeníes  ponen las  bases del futuro casi inmediato  "emirato omeya de occidente".  Para ello, se produce un acuerdo  contranatura, pues los clientes  omeyas  deben romper la alianza tribal con los  qaysí de la Península por la negativa de al-Sumayl  -gobernador de Zaragoza- a aceptar a ‘Abd al-Rahmãn como emir.

La alianza de los mawãlîes y los yemeníes no pasa desapercibida al poder islámico de la península Ibérica de  entonces. El gobernador abbasí  Yûsuf al-Fihrî que es un político y militar de largo recorrido es consciente de  que le acecha un peligro de grandes dimensiones y se  pone manos a la obra a neutralizarlo. ‘Abd al-Rahmãn sufre diversas acciones unas de índole diplomático, otras de tipo militar, hasta que se celebra la batalla de al-Mussara en las cercanías de Córdoba. Vence el "Príncipe Inmigrado" y  entra en la ciudad de Séneca para ser el  primer emir omeya de occidente  y donde reinará hasta su  fallecimiento en el 788 a los 57  años de edad.

El príncipe "Inmigrado" tiene claro lo que quiere hacer, reconstruir el califato de Damasco  omeya y por tanto  su dinastía en Córdoba, para ello deberá afrontar muchas dificultades y  traiciones, pero también sabe que debe  arraigar su linaje en los confines occidentales del Mediterráneo.

Según el  Profesor Eduardo Manzano en su  extraordinaria obra "conquistadores, emires y califas" de editorial  Crítica, se pueden  documentar hasta 400 descendientes suyos en línea masculina directa a lo largo de la vida de la dinastía en al-Andalus, es decir hasta la caída del Califato de Córdoba.

Para lograr su propósito, ‘Abd al-Rahmãn  I "al-Dãjil " aprovechó la división que, exportada del  oriente cercano,  fragmentaba a la población  musulmana entre proqaysíes,  proclives a Yusuf al-Firhí y liderados por al-Sumayl, y yemeníes o kelbíes liderados por Abú al-Jattar .

El estado de división era antiguo, incluso en el 747, se celebró  la batalla de la alquería de Saqunda (Córdoba) entre las dos facciones, frente a la espléndida noria de Córdoba a orillas del Guadalquivir. Todas las tribus  se alinearon  con uno u otro bando, venciendo los  proqaysíes de Yûsuf al-Fihrî, permaneciendo en el  gobierno hasta que fue desplazado por  ‘Abd al-Rahmãn I "al-Dãjil". Tras la victoria  de Saqunda en el  747 y para evitar  competencia cercana, nombró a al-Sumayl gualí de Zaragoza, quizá por eso, éste no apoyó la llegada de ‘Abd al-Rahmãn, forzando que la alianza que los clientes omeyas  precisaban  fuese con los yemeníes, la facción contraria.

Los omeyas en la Península Ibérica gobernaron en forma de gualíes o gobernadores durante  casi 40 años. Tras 6  años de interrupción en el  que el gualiato fue abbasí tras la matanza de  Damasco, se instaura el  Emirato  independiente 774 y el posterior Califato de Córdoba 929.

Cada emir disponía de un anillo con una inscripción con un lema piadoso, unas veces el anillo el sucesor lo tomaba del predecesor y en otras copiaba el mismo lema que  tomó el fundador de  la dinastía  

" Abd al-Rahmãn está satisfecho con el decreto de Dios"

  (‘Abd al-Rahmãn bi-qadã‘ Allãhi rãdan)

     
Este lema será usado por  los emires y califas  ‘Abd al-Rahmãn I , II y III, al-Mundir, y al-Hakam II. No seguirán este lema los emires y califas HiŠãm I y II, al-Hakam I y Muhammad quienes  usaron el ideado por el primero de ellos.

 

" En Dios confía su siervo  HiŠãm y en él busca refugio"

 

 

Un esquema general de cómo se sucedieron los omeyas en al-Andalus nos ayudará a tener una  visión de conjunto.
Gualiato omeya 711 al 750

19 años

  
Gualiato abbasí

Tras la matanza de los omeyas del 750

750-756

6 años

Emirato omeya

Tras la batalla victoriosa de Abd al-Rahmãn I de al-Mussara

756-929

173 años

Califato omeya

Tras la proclamación de `Abd al-Rahmãn III como "Príncipe de los creyentes".

929-1031

102 años

 

Durante el periodo de los valíes o de los gobernadores, previo a la Instauración del Emirato  Independiente de Córdoba, los distintos valíes atacaron los territorios transpirenaicos; así en  el 714  Mûsà b. Nusayr  atravesó los Pirineos atacando Narbona y Carcasona. En los  siguientes años se vivió una situación de inestabilidad fronteriza con avances y retrocesos en  lo que se llamaba la Septimania y en el  noroeste de la Península Ibérica. 

Recién formada en los Picos de Europa la resistencia del noble Pelayo, espatario del fallecido  rey visigodo Rodrigo,  y del Duque de Cantabria,  entre el 719-720 el valí Al-Samh  atacó  Narbona y Toulouse y las aceifas a la Aquitania fueron constantes. En el año 725, el ejercito  del gualiato de Córdoba ataca bajo el mando del  valí Anbasa b. Suhaym al-Kalbí, poniendo  en aprietos a las ciudades de Narbona y Nimes.

En el 732, el mismo año en el que las tropas islámicas son  derrotadas en Poitiers por el Mayordomo de Palacio de los francos merovingios, Carlos Martel,  el valí  de  entonces ‘Abd al-Rahmãn  al Gafiqí devastó Aquitania y  Burdeos.  Y dos  años más tarde en el 734 serían las  localidades de Arles, Saint  Remi y Aviñón las que fueron objeto de saqueo por el  ya valí  de Narbona Yûsuf  al-Fihrî. Todos estos conflictos armados  dieron origen a la  reacción de los francos y a la formación de la Marca  Hispánica y de poco  después Catalunya. En el extremo  nororiental de la Península, no había  entonces un  poder nítidamente  reconocible más allá de los  líderes lugareños, una especie de tierra de nadie donde  los gualíes primero y ‘Abd al-Rahmãn I después hicieron   multitud de incursiones. Esta tierra se despobló ante  las embestidas emirales y carolingias, tierra que será la  Marca Hispánica de los francos poco tiempo más adelante. Sus moradores  indígenas debieron o quedarse en territorio musulmán, esconderse en los más altas cotas pirenaicas o incluso marchar a territorio franco. Esta zona será conquistada por los francos de la dinastía carolingia, tanto Carlomagno (Girona 785) como por su hijo Ludovico Pío  (Barcelona 801) y dará lugar a la Marca Hispánica y a  Catalunya después.

A partir de  ‘Abd al-Rahmãn I "al-Dãjil" se suceden  durante 173 años emires que gobernaron  al-Andalus y  llevaron sus fronteras  hasta los macizos montañosos del  Norte. En este tiempo  se  desarrollaron varios reinos  cristianos que herederos del reino hispanovisigodo de  Toledo  comenzaron un  nuevo caminar por las sendas de la Historia.

En estos tiempos del siglo VIII y IX entran en liza los reinos de Asturias y Asturleonés, Pamplona, la Marca  Hispánica, los Condados Catalanes y  Catalunya. Además tendrán lugar los hechos carolingios de Pamplona,  Zaragoza, Barcelona, y los épicos y en parte míticos de Roncesvalles que darán lugar a la celebérrima"  Chanson de Roland".

 

Los emires omeyas de Córdoba fueron:

               

Emires Periodo Coetáneos
‘Abd al-Rahmãn I 756-788 Alfonso II "el Casto", Fruela I "el Cruel", Aurelio, Silo y Mauregato. Pipino "el Breve" y Carlomagno.
HiŠãm I 788-796 Mauregato, Bermudo I ,Alfonso II. Fortún Garcés
al-Hakam I 796-822 Alfonso II, Carlomagno. Ludovico Pío.
‘Abd al-Rahmãn  II 822-852 Aznar I Galindo. Galindo I Aznárez.
Muhammad I 852-886 Guifré I "el Pelós".
Al-Mundir 886-888 Guifré I "el Pelós".
‘Abd Allãh 888-912 García I de León. Guifré I "el Pelós". Guifré II Borrell.
‘Abd al-Rahmãn III 912-929 García I y Ordoño II de León. Guifré II Borrell. Sunyer. Sancho Garcés I de Navarra.

 

Durante todo el periodo del Emirato, el  oponente más importante  de al-Andalus  será el Reino de Asturias y su  continuador el  reino asturleonés.

 Tras la batalla de Covadonga en el 722, en  pleno  periodo de los valíes, los astures y  cántabros son  liderados por el noble Pelayo  hasta su  muerte en el 737 y después por  su  hijo, el malogrado  Favila hasta el 739.

 

Tras la trágica muerte en accidente de caza de éste último  al ser  devorado por un oso, el liderazgo de la  resistencia astur sería continuado por su  cuñado. Será un gran rey, clave en los hechos que acontecieron en las  décadas siguientes, y  que reinó como Alfonso I "el Católico". Su elección se basaba en estar casado con la  hija  de Pelayo, Ermesinda. Esta unión matrimonial había sido fraguada  por sus respectivos padres, Don Pelayo y Don Pedro, último Duque de Cantabria. De esta estratégica unión marital  nació la unión de ambos pueblos.

 Ermesinda era hija de Don Pelayo y Gaudiosa y será la  madre de los hijos de Alfonso I: Fruela I, Vimarano y Adosinda.

Al año siguiente de ser proclamado emir ‘Abd al-Rahmãn I "al-Dãjil"  asciende al  trono astur el rey Fruela I "el  Cruel", quien debió dedicar sus  esfuerzos a pacificar los  movimientos revolucionarios internos de alaveses, gallegos, incluso el liderado por su  hermano Vimarano, a quién  mató.  Todo esto le dio pocas oportunidades de atacar al  emir de al-Andalus,  ‘Abd al-Rahmãn I. Por  otra  parte, la tarea organizativa y   pacificadora del propio emir, le impidió en gran medida dedicarse a la  lucha con los astures. De alguna forma, tanto astures como andalusíes  estaban enfrascados en sus problemas  internos lo que les impedían dedicarse a luchar contra el oponente.

 

 

Durante los años del reinado de Abd al-Rahmãn  I "al-Dajil"  se fueron  conformando todos  los reinos cristianos  del norte. Así, además  del reino de Asturias y de la Marca Hispánica que  hemos revisado fugazmente, se  conformó el  Reino de Pamplona de la dinastía Arista primero  y Jimeno después. ‘Abd al-Rahmãn  I atacó el  Reino de Pamplona incluida la capital  en el  año 778. En tiempos de ‘Abd al-Rahmãn I "el Inmigrado"  la situación tanto en los  reinos cristianos del  norte como en la  propia al-Andalus era muy inestable,  pues las relaciones de poder, entre los musulmanes y los nuevos conversos  (muladíes), entre los musulmanes y los cristianos que quedaron en al-Andalus (mozárabes), entre los árabes y los bereberes, entre los  árabes qaysíes y kelbíes,  eran tensas. La base de estas tensiones e inestabilidad y de la  subsecuente debilidad  era la difícil conjugación de sus respectivos intereses.  Debió el emir ‘Abd al-Rahmãn I lograr  pactos múltiples en una suerte de fuego cruzado en cuyo  centro se encontraba el propio emir.

 Esta situación simétrica al interior del Reino de Asturias con sus nobles y el monarca hizo  que  en tiempos del  primer emir, no hubiese demasiadas acciones bélicas entre cristianos y musulmanes.

Abd al-Rahmãn I debió hacer frente a múltiples rebeliones:

  • Espías abbasíes que intentan desestabilizar el emirato omeya.
  • Rebeliones bereberes por sentirse discriminados respecto a los árabes.
  • Conspiraciones de los clientes omeyas para aumentar su cuota de poder.
  • Movimiento secesionistas de los gualíes de la marca superior, así Sulayman al-Arabí , quien se asocia con los gualíes de Zaragoza, Barcelona  y Huesca.
  • Revueltas yemeníes , qaysíes y  proabbasíes en 763,766 y 774.
  • Revueltas de bereberes jarichitas lideradas por Shaqya ibn al-Whalid que llegó a dominar desde el Tajo al Guadiana y desde el Atlántico hasta Guadalajara.

Como vemos la llamada del poder en todo  los tiempos ha atraído a todos los hombres y sus expectativas han sido un impulso generador de fuertes corrientes.

‘Abd al-Rahmãn I debió ser especialmente cuidadoso con los cristianos que encontró en sus territorios conquistados, pues necesitaba de ellos para no despoblar su territorio y para  mantener las estructura social y  productiva así como para la generación de tributos con los  que poder pagar el aparato omeya. Una de las claves  fue no ser agresivo desde la perspectiva  religiosa, para ello hizo varias acciones:
  • Compartir la Iglesia principal visigoda de San Esteban, la mitad para la comunidad

musulmana y la mitad para la comunidad cristina, aunque sí prohibió la construcción

de nuevas iglesias.

  • Mantuvo el estado político-administrativo y personal de  los cristianos, a cambio del

tributo de capitación.

  • El  derecho de cobro tributario caracterizó la estructura política, definida como dictadura

oriental tributaria y por otra parte se entiende que no hubiese un especial interés en la

conversión en masa de los cristianos a muslimes, pues originarían un menoscabo serio

 de las arcas del Emirato.

Es interesante saber que en aquellos tiempos de la segunda mitad del Sigo VIII y comienzos del IX se produce un movimiento  de dispersión o secesionista en el seno del Califato Abbasí de Bagdad. Los abbasíes o seguidores de  Abbas (al-Abbas al-Muttalib, tío de Mahoma) y  seguidores de la doctrina mutazilista promovida por Harum al  Rashid, en boga en aquel  tiempo y de marcados rasgos racionalistas, facilitaron de alguna manera estos  movimientos. Tras la matanza omeya de  Damasco  en el 750, la capital califal permaneció allí hasta el año 762   que los abbasíes fundaron  Bagdad -paradójicamente "ciudad de la paz". Fruto  de este estado de cosas  aparecieron las corrientes autonomistas y las dinastías  que  poblaron  el norte de África  y otras áreas.

 

Emirato Omeya de al-Andalus Córdoba 756-1031
Reino Idrisí Fez  
Reino Tulunita Egipto 868-905
Reino Rustumí Tahart  
Reino Aglabi Kaireuán 800
Reino Persa Corxan  

 

 

Ya en el 760 ‘Abd al-Rahmãn I acuña  moneda árabe propia, pues  previamente, la  moneda  fue  latina en el 712 y bilingüe en el  716 en el  periodo de la conquista.

La  moneda de ‘Abd al-Rahmãn I "al-Dãjil" se dice que será copiada por el mismísimo  Carlomagno.

‘Abd  al-Rahmãn I también desarrolló las  almunias o casas de campo y recreo a imagen y  semejanza de las conocidas y recordadas por él de su infancia y juventud en Damasco, como la  añorada al-Ruzafa  de su abuelo y donde éste, el gran  Califa HiŠãm de Damasco, está enterrado.

 

En los primeros 100 años de Emirato, entre los dos primeros  emires  que compartieron nombre ‘Abd al-Rahmãn se configura  el estado andalusí y se ordena el territorio en 22 coras,  kuras  o  provincias compuestas por varios "iglín" o distritos cada una de  ellas  y muchas  qariyas o alquerías en último extremo.

En el 768 tuvo ‘Abd al-Rahmãn I "al-Dãjil"  que hacer frente a  una rebelión de origen múltiple: bereberes, chiítas y mawlas españoles (cristianos apóstatas convertidos al Islam) cada uno  por sus razones.  Los bereberes por discriminación con los árabes, los chiítas por  desacuerdos con la corriente oficialista sunita y el  concepto de estado de los omeyas y los mawlas por no  tener los  mismos derechos y deberes que los musulmanes de origen, pese  a su conversión y su  adscripción a tribus.

 

¿De qué origen procedían los fondos del  incipiente emirato andalusí?
  • De botines de aceifas

  • Del tráfico de esclavos

  • De mano de obra gratuita con los esclavos cristianos.

  • Limitar los territorios ganados pero no dominados así al no colonizarlos, este sistema de alguna forma,  recuerda la inteligente actitud de  Alfonso I "el Católico"  en Reino de Asturias  con su  política de tierra quemada y el más  o menos "desierto estratégico del Duero".

 

Un aspecto muy importante para dotar la dinastía de la solidez necesaria para su continuidad en el tiempo  es aclarar quiénes están en la vía sucesoria y quienes no. El único principio básico entonces es la paterno-filial, en segundo orden los hermanos y los tíos. Sólo  estas líneas entran en juego aunque la familia Omeya fuese enorme. Aún así, hubo problemas  dinásticos serios, entre otras razones porque algunas veces los emires descartaron al  primogénito y se  inclinaron a favor del segundogénito. Un ejemplo claro ocurrió en el tránsito  del primer emir al segundo.

 Ser primogénito era un criterio, pero no el único, e incluso cabría  preguntarse primogénito cronológico estricto o primogénito de cual de las mujeres del emir, de la primera, de la favorita, ¿de cuál?. Ya  podemos decir que en términos generales el  origen materno raramente tuvo importancia. Incluso en los primero tiempos, hubo conspiraciones por esta razón contra el emir, así en el 783, un personaje llamado al-Mugîra (hijo de al-Walîd, el hermano mayor y también salvado de la matanza de los Abbãsíes) lo intentó. al-Mugîra fue ejecutado y su padre y demás  familiares desterrados fuera de al-Andalus.

HiŠãm I (788-796)

Hijo de Abd al-Rahmãn I sucedió con éxito a su padre en el Emirato de al-Andalus. Su ascenso al trono  cordobés coincidió con la muerte del rey astur Mauregato y la entronización ese mismo año de Bermudo I "el  Diácono", quien debió salir del monasterio para ser rey.

A la muerte de Abd al-Rahmãn I "el Inmigrado" se produjeron dificultades  en el Emirato al  ser elegido HiŠãm  que era el segundogénito por decisión  de su padre el emir. El recién elegido debió enfrentarse y vencer a sus  hermanos Sulaymân, el primogénito, y a ‘Abd Allãh. Parece ser que Sulaymân que era gobernador de Toledo y su  hermano ‘Abd  Allãh, que lo era de Mérida sólo cejaron cuando  fueron pagados por   el emir  60.000 dinares y se marcharon a África.

Debido a la debilidad del reino de Asturias y la no mucha mayor fortaleza  andalusí, fue un  periodo más de cultura, leyes y teología en el Emirato que

 de acciones bélicas conquistadoras.  Gracias al emir y a esta paz relativa se fue introduciendo la doctrina malekí

 lo que tendrá una importancia  enorme en el  futuro. 

Durante el reinado de HiŠãm I y una vez pacificadas las intrigas de sus hermanos vencidos  y en el 790 de la

 revuelta yemení de Tortosa, se produjeron hechos de armas entre los  astures y los andalusíes. Las más

 importantes acontecieron en tiempos de los reyes  Bermudo I   "el Diácono" y Alfonso II "el Casto".

En el 791, el rey Bermudo I es derrotado en las cercanías de Villafranca del Bierzo, en la llamada batalla de

 Burba, por lo que abandona el  trono, abdicando en su hermano Alfonso II el Casto" y se reintegró a la vida

 monástica.

 

Alfonso II "el Casto" fue un rey de larga experiencia en el gobierno, pues desde el 791 reinó hasta el 842, siendo  el rey asturiano de mayor recorrido. En el primer año de su reinado,  posiblemente queriendo marcar un antes y  un después, traslada su Corte Oviedo.

En el año 794 el general  ‘Abd al-Malik

al mando de las tropas de HiŠãm I penetra

en el territorio astur y llega  hasta Oviedo,

la saquea e incendia. Alfonso II "el Casto"

permanece impasible en un primer momento,

pero trama una estrategia que se fraguará

en tenderle una emboscada en una zona pantanosa

o de "lodos" de ahí el nombre de "batalla de

 Lutos" donde le infligió una severa derrota a las tropas del emir.

 Recientemente, se ha encontrado una inscripción árabe en un abrigo de las montañas de un soldado huido de la

derrota. Un año más tarde 795, de nuevo ‘Abd al-Malik ataca Oviedo.

 

  • Batalla de Burba contra Bermudo I "el Diácono" 791

  • Saqueo de Oviedo en tiempos de Alfonso II "el Casto" 794

  • Batalla de Lutos vence Alfonso II "el Casto" 794

  • Saqueo de Oviedo 795

 

 

Al-Hakam I  (796- 821)

 

Reinó en al-Andalus desde 796 hasta 821, un total de 25 años. Al igual de HiŠãm I, su padre, no era primogénito

 sino segundogénito, su hermano Abd al-Malik que se llamaba  igual que el general de su padre que como

 sabemos atacó Oviedo dos veces, fue separado de la  línea dinástica por HiŠãm I y lo encarceló durante 17 años

hasta su muerte en presidio.

Todo su reinado se desarrolló en tiempos de Alfonso II "el Casto" de Asturias. También en su tiempo se

 descubrieron los "restos del apóstol Santiago" en Iria Flavia y comenzó el fenómeno  peregrino de la

 Cristiandad en el norte de la Península.

"El motín del Arrabal "   de Sequnda del año 818, en

 sus  varias razones nace en tiempos previos con el

 aumento del  gasto tanto suntuario como, sobre todo,

 militar. Sobre esta  situación de  presión fiscal elevada

 e injustamente repartida  sobre los mozárabes y sobre

 todo los mawlas, se le  llamaron "los silenciosos" a no

 habar árabe,  se  suma  la actividad fortalecedora de la

 revuelta de algunos alfaquíes,  al considerar que se

  vulneraba la Ley, cobrando impuestos  ilegales en un

 contexto de vida "disipada" del emir.

 

Aunque el emir era un  hombre  piadoso, trató con mano dura las revueltas, creándose un estado de terror.

 Potenció el tránsito de mozárabe a muladíes mediante determinado beneficios lo que fue tomado como

 insuficiente por unos, discriminatorio por otros y descontento por casi todos. Su respuesta fue la represión a

 través del terror. Pero para poder ejecutar esta  política era necesario contar con los elementos de represión

 suficientes y leales a su persona por lo que creó un ejército mercenario que debió pagar, es decir, se tradujo en

 mayores impuestos para sus súbditos.

 

En los años 793 y 803 al-Hakam I atacó Álava y Lisboa.  No sólo tuvo revueltas populares alentadas por  alfaquíes sino que sus propios caudillos y familiares destacados en puntos estratégicos de la marca inferior,  media y superior, Mérida, Toledo y Zaragoza confabulaban contra él. Sin embargo en esta ocasión no utilizó su  mano de hierro sino que con habilidad  diplomática desbarató la revuelta.

También, a pesar de ser un hombre piadoso, el emir al-Hakam, no amplió la mezquita aljama de Córdoba,  posiblemente porque los problemas y revueltas a las que tuvo que hacer frente lo impidieron. Que todos los  omeyas ampliaran la mezquita iniciada por ‘Abd al-Rahmãn I se relaciona con  la necesidad de acoger el  aumento de conversiones y el seguimiento de la corriente jurídica mãlikí de  Medina que impide la existencia de  más de una mezquita aljama.

Abd al-Rahmãn II

 

Durante el siglo IX, desca sobre todos el emir Abd al-Rahmãn II. Fue una época orientalizante,  trayendo de

 Persia cultura, usos y costumbres. Llenó de organización  administrativa Córdoba, pero también de protocolo y

 boato orientales. Estos gustos refinados  y suntuarios conllevaron un aumento relevante de los gastos por lo que

 fue necesario  mantener una actividad  recolectora de botín, por tanto aceifas y un aumento de los  impuestos,

 cargando la mano recaudadora sobre los "no creyentes" -judíos y cristianos- y sobre  los musulmanes no  árabes-. 

La doble orientación de botines e impuestos lograría que el Emirato Omeya se convirtiese  en la mayor potencia  política de occidente, pese a que los descontentos por la presión tributaria y  por el proceso de "aculturación" a  que estaban siendo sometidos.  Presión fiscal y aculturación que encendieron la mecha de las revueltas de  muladíes, mozárabes y mawlas que sobre todo se expresarán en los periodos emirales posteriores con  Muhammad I, al-Mundir y ‘Abd Allãh.

Abd al Rahmãn II se casó con al-Shifa, de quien tuvo un hijo llamado Mohammed y quien  a la postre será su el  sucesor como Mohammed I. En el periodo emiral de ‘Abd al-Rahmãn II varios personajes adquirieron gran  relevancia, mientras el emir  quedaba envuelto en un velo de misterio oriental, que lo hacía estar entre lo  humano y lo divino. El alfaquí  Yahya, el músico bangalí Ziryab y Tarub y el eunuco Nasr fueron en  gran  medida protagonistas de la historia.

Las aldeas de al-Andalus aparecen en medio de la verdura de los

vergeles como perlas blancas engarzadas en esmeraldas”

                                       Ibn al-Hammára siglo XI.

 

En tiempos de ‘Abd al-Rahmãn II aparecen restos epigráficos en cúfico arcaico, con poca labra, algunos resaltes y formularios austeros, concordante con las epigrafías omeyas de oriente.   También en estos tiempos de ‘Abd al-Rahmãn II tomó una gran preeminencia el  eunuco  conocido como "el gran eunuco" Nasr Abu l-Fath quien llegó a controlar toda la  administración de al-Andalus. Ganó un gran prestigio al dirigir la campaña militar contra la   invasión normanda del 844 en Sevilla. Llegó a generar recelos en los mawãlî omeyas y en el hãÿib Îsà

b. Šuhayd, a quien consiguió derribar. Cuando se planteó la sucesión del enamoradizo y fogoso emir ,se plantearon dos bandos, los  que apostaban por el  primogénito y los que lo hicieron por el segundogénito.

Aspirante Madre Apoyo Lugar dinástico
Mohammed al-Shifa (esposa) Îsà b. Šuhayd Primogénito
‘Abd Allãh Tarûb (favorita) Nasr Abu l-Fath Segundogénito

Nasr llegó a ser tan osado que organizó el asesinato del emir para apoyar a su pupilo en la sucesión. Fue

 descubierto, pago consu vida y el aspirante apartado.

 

En los primeros tiempos del  siglo IX  nació y se desarrolló el reino de Navarra con el líder natural  Iñigo Arista o  sólo "Arista"  llamado así por su carácter. Íñigo Arista se enfrentó  en aquellos primeros tiempos tanto con los

 musulmanes de al-Andalus como con los  carolingios.  Murió en el 852 en el mismo año que lo hizo ‘Abd al-

Rahmãn II.

 

Mohammed I (852-886)

 

 

 al-Rahmãn II, hacía dos años que en el  reino de  Asturias

reinaba Ordoño I. Durante su reinado accedió  al poder el

 carolingio Carlos "el Calvo" y  en el Condado de Barcelona

 Guifré "el Pelós", las decisiones que ambos formularon el  origen de Catalunya.  En Navarra se consolidó la

 dinastía Arista.  Mohammed I conoció el dulce sabor de la victoria al vencer a Ordoño I en la batalla de

 Guadalcete  en el 854 contra el ejército mandado por el hermano del  rey astur el conde Gatón del Bierzo.

De nuevo le sonrió el éxito la batalla de la 

Morcuera en el año 865.

 

Apresó Mohammed I al hijo del caudillo

 de Pamplona García Íñiguez, llamado

  Fortún “El Contrahecho”, y lo mantuvo

 en Córdoba. Fortún se adaptó tan bien al

 cautiverio cordobés que hizo traer a su familia y

  entregó a su hija Oneca en matrimonio con

 el hijo del emir, quién  en el futuro será ‘Abd Allãh (abuelo de Abd al-Rahmãn  III). Sin embargo,  Mohammed

 I en  plena madurez como gobernante, tragó el  polvo de la derrota ante Alfonso III "el  Magno" en la batalla

 de la "Polvararia" en el 877. Pero lo más relevante en el periodo emiral de Mohammad I y sus sucesores

inmediatos es la aparición de rebeldes en varias zonas del Emirato que llegaron a ser tan relevantes que el

 poder  emiral en muchas épocas se circunscribió a la propia Córdoba y cercanías. Se trató de  un periodo

 conocido como la "fitna del  emirato" para diferenciarla de la "fitna del califato" la  que acabará con la

 dinastía omeya de occidente.

A la vez que personajes locales indígenas  se rebelaron del poder emiral, se produjeron una  especial forma de

 rebelión en la propia Córdoba, se trata del fenómeno de los mártires  cristianos. Así, sólo un año más tarde  de

 su llegada al poder, Mohammad en el 853 comenzó  a sufrir las acciones de Eulogio y su maestro Álvaro de

 Córdoba, autores de textos que  promovían el martirologio cristiano mediante la expresión de ofensas públicas

contra la fe  musulmana y obligando por provocación a que los cadíes  debiesen intervenir y condenar a

 muerte a los ofensores. La suma de tributación creciente y las conversiones al islam masivas, muchas de ellas

como consecuencia de la aculturación, de las expectivas  de mejor tratamiento fiscal y de los matrimonios

 mixtos, sobre todo de mujeres,  el cristianismo cayó en una declive relevante lo  que favoreció respuestas

 desesperadas como los mártires o los rebeldes.

El periodo de Mohammad es de crisis económica, lo que se aprecia en la reducción sensible de la acuñación de  moneda. La gran crisis de financiación en gran medida se debió a la  proliferación  de rebeldes  que  aplicaban

sus propios tributos a los lugareños no  entregándolos al emir y también al infortunio de coincidir con años de sequía.

 Declaró el emir Muhammad rebelde el muladí  ‘Umar b. Hafsûn  en el 879, quien sería un  verdadero  quebradero de cabeza tanto para Muhammad I, como para sus sucesores.

Al-Mundir (886-888)

El emir al-Mundir, era hijo de Mohammad I y hermano de su sucesor ‘Abd Allãh. Tuvo un reinado muy breve  tan sólo dos años entre el 886 y el 888. Parece ser que tanto al-Mundir como ‘Abd Allãh eran primogénitos, pues nacieron el mismo  año pero de madres distintas.

Enfrentado con Ordoño I, sin embargo tuvo un corto reinado de dos años, centrando sus esfuerzos  en la lucha contra los rebeldes liderados por ‘Umar b. Hafsûn cuyo cuartel general se encontraba cerca de Ardales en los riscos de la sierra y junto al río Guadalhorce “Bobastro”.

Al-Mundir se tomó el caso del rebelde como una afrenta personal todas las acciones de Umar, por lo que él en persona fue a Bobastro a guerrear, falleciendo en esta acción, aunque no se  descarta que fuera asesinado por su  hermano y sucesor ‘Abd Allãh. Los jefes del ejército de  este último le aconsejaron enterrar al emir muerto en el  propio Bobastro, sin embargo Abd Allãh lo portó a Córdoba para enterrarlo en el mausoleo de los emires del  alcázar de Córdoba y  encargarse el mismo de la dirección de los ritos funerarios como es obligatorio a los sucesores.

Se las debió ver  con Alfonso III "el Magno", tanto él como Abd Allah y con el príncipe Abd al-Rahmãn cuando  ya colaboraba en las tareas de gobierno con su abuelo el emir Abd Allah,   pues Alfonso III fue un gran rey  astur de larga permanencia en el trono, desde 866  hasta el 910.

 

Bobastro

"el refugio de Omar b. Hafsum"

Congregó a mozárabes y otros descontentos en torno a él.

 

Omar en este paraje de complicado acceso y sobrevolado por águilas reales  creó su  núcleo de resistencia, incluso construyó  una de las pocas iglesias rupestres de  España. 

Omar era muladí, y se rebeló contra la vida y ordenamiento omeya de Córdoba.

Umar, cristiano nacido en Parauta y convertido al Islam, fue apóstata después. Por tanto, su apostasía afectó a ambas religiones

Logró el control de una  zona de gran extensión dentro del Emirato omeya, desestabilizar el poder emiral durante largos periodos de tiempo

 

Abd Allãh (888-912)

Sucedió a su hermano  al-Mundir  y ejerció el poder durante 24 años de reinado.  Tuvo que  encargarse de varias  rebeliones por lo que fue un emir duro que se las vio con ‘Umar b.  Hafsûn. No siendo posible la derrota de éste por las armas, llegaron Hafsûn y el emir a un pacto por  el que se convertía el líder rebelde  en algo parecido a  un walí en su  zona de  influencia,  la zona del Guadalteba, Mijas, Archidona. Umar era poco de fiar y traicionó al emir poniéndose en contacto con el walí de Kairuán para lograr su apoyo y abarcando  territorio similar a las provincias de Málaga, Granada y Jaén.

 

‘Abd Allãh, hijo de la favorita de Mohammed I, llamada Tarûb era un hombre extremadamente  duro y que veía  intrigas y traiciones por doquier, no sabemos con seguridad si todas fueron  ciertas, pero en cualquier caso su  mano fue de hierro. Así  mandó ejecutar a su hijo  Muhammad y supuesto sucesor por sospecha de traición y   crió y educó personalmente a su  nieto, e hijo del fallecido, quién a la postre sería el gran  ‘Abd al-Rahmãn  III.

En sus últimos dos años debió enfrentarse con el rey leonés García I, hijo de Alfonso III "el  Magno" y con  Sancho Garcés de Pamplona. Éste último que reino 905 l 925 debió enfrentarse  tanto con ‘Abd Allãh como con  ‘Abd al-Rahmãn  III.

Abd al-Rahmãn III, el último emir de Córdoba

Reinó como emir entre el  año 912 y  el 929 en el que siguió en el poder  pero como  primer  califa omeya de occidente. Centrándonos en el periodo emiral, alcanzó tan dignidad cuando sólo  contaba 22 años de edad,  pues  como veremos se produjo un salto generacional. Abd al-Rahmãn  III era hijo del príncipe  Mohammad y  Muzna. Mohammad era hijo del emir Abd Allah y potencialmente su sucesor. Traicionó a su padre y fue  ejecutado por Abd Allah, quien tomó bajo  su propia dirección la formación de su nieto Abd al-Rahmãn.

 

Abd al-Rahmãn III era bajo de estatura, de piernas cortas  y de pelo rubio y ojos azules heredados de su madre.

Puso en vías de solución la revuelta de Omar ben Hafsum  y logró la pacificación de un  emirato.  Siguiendo las  enseñanzas de la  Profesora Gómez Moreno de la  Universidad de Málaga en su especialidad Geografía de  Andalucía, nos ilustra el fenómeno del rebelde con las siguientes palabras:

"Así pues, al menos hasta el s.IX, la heterogeneidad del poblamiento fue la tónica dominante, con una escasa aculturación de los muladíes, a veces sublevados en revueltas. Esta heterogeneidad explicaría la dialéctica fuerza centrífuga-fuerza centrípeta, puesta de manifiesto por la brevedad de control único del territorio (sólo asegurado por Abderramán II y Abderramán III), con la fuerza centrífuga impulsada por la diversidad étnica así como por la sucesiva llegada de nuevos contingentes de población magrebí o por sublevaciones muladíes como la de Omar Ibn Hafsun. Respecto a este último cabe destacar como su estado se ubicó en una de las grandes unidades naturales de la región: el conjunto Subbético-Surco Intrabético que le proporcionaba a la vez buenas tierras, una vía rápida de comunicación y refugios montañosos defensivos."

Pero, en líneas generales, la articulación y desarticulación del espacio político andalusí tuvo subyacente una cierta continuidad de la organización una cierta continuidad de la organización productiva, continuidad que parte de la base romana y que, sobre todo, en el caso de Andalucía Oriental, será claro precedente de los paisajes y actividades de la Edad Moderna. 

                Nos puede servir como eslabón entre el poblamiento y la producción el sistema de poblamiento. Dentro de éste hay que distinguir entre la organización administrativa y la del poblamiento "sensu estricto". La primera se basaba en la articulación entre cora, "iqlim"y "yuz". La cora, heredera del sistema hispanorromano, tenían como base la ciudad y su región de influencia. Este área de influencia se subdividía en unidades más pequeñas:

                 - el "iqlim", o unidad administrativa y fiscal de base agrícola, con agricultura intensiva y densamente poblada. 

                - el "yuz", o zona de poblamiento de base tribal, orientada hacia la ganadería (y por tanto con abundantes pastizales, y que gozaría de un régimen peculiar, consistente en una explotación de carácter comunitario exenta de ciertos tributos,(2).

                        Prof. Gómez Moreno (Universidad de Málaga)

 

La economía mejoró aunque en el periodo califal lo haría aún más. El comercio se intensificó con todo el  Mediterráneo sobre todo en lo tocante a objetos de lujo o suntuarios, si bien, sólo estarían al alcance de las  clases más adineradas. De peor catadura, pero sin duda común a muchos reinos de la época, el tráfico de  esclavos fue una de las fuentes importantes de ingresos.

Sufre los saqueos de los Castillos de Évora y Alange por Ordoño II  entre los años 914 y 924. Así como los ataques de Sancho Garcés I de Navarra.

 Especial relevancia en su periodo emiral es la gran victoria en la batalla de Valdejunquera  en el 920 sobre la en  las cercanías de Pamplona en un ataque lanzado por el emir y alianza defensiva entre Ordoño II de León y Sancho Garcés I de Navarra.

En los dos primeros años del reinado de Abd al-Rahmãn III tuvo enfrente al rey leonés García I (910-914), hijo  de Alfonso III "el Magno".

En el año 917, las tropas emirales al mando de Ahmad ben Abda sufren una severa derrota ante Ordoño II en San  Esteban de Gormaz.

 En el año 918 Sancho Garcés I de Navarra atacó Nájera, Tudela  y Valtierra haciendo retroceder los ejércitos  andalusíes.

Tras las dificultades para tener éxito en las aceifas, el emir adoptó un cambio sustancial en la  estrategia y táctica militar, cambiaria las aceifas -correrías estivales-, por las campañas -ataques muy organizados con unos  contingentes enormes de hombres que ahogarían a los enemigos.

Primera campaña: batalla de Valdejunquera en el 920, junto a Muez y Pamplona. Inflingió una  fuerte derrota a  Sancho Garcés I de Navarra que debió apresurarse a socorrer a la capital Navarra. Fue ayudado, aún sin éxito  por Ordoño II de León. Degolló a todos los prisioneros y arrasó todos los campos por los que pasó.

Dos años después, Ordoño y Sancho Garcés I recuperaron  Nájera y Viguera.

A la muerte de Ordoño II,  Abd al-Rahmãn III  desarrolló la Campaña  de  Pamplona, que se saldó con  grandes  pérdidas, la destrucción de Tudela y la  derrota de Sancho Garcés I  en la batalla del río Irati.  Llegó a Pamplona que la arrasó.

Ante el avance de los fatimíes, que se  había declarado califato en el  norte de África y ponían en entredicho tanto  la supremacía omeya en a región como en el Mediterráneo y el acceso a las fuentes de metales precioso y al  intercambio comercial caravanero, Abd al-Rahmãn III decidió en el 929 declarase Califa, "Príncipe de los  creyentes". Comienza así un nuevo capítulo de la historia de al-Andalus, la del Califato de Córdoba.

 

FIN