Profesor Daniel Álvarez Pérez. Historiador.

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Sobre la utilización de la historia por el estado en el siglo XIX

Prof. Daniel Álvarez Pérez. Historiador.

Mucho se ha debatido a lo largo de la historia a propósito del concepto de historia, pero no sólo acerca del concepto de historia, sino también sobre su metodología, sus fines, sus usos… y esto es así, porque la historia al contrario de otras ciencias da plena libertad de expresión, investigación e interpretación de manera que hay casi tantas corrientes historiográficas como historiadores. Antes de debatir sobre si la historia es una ciencia independiente o no, tenemos que partir del objeto de estudio de la historia: el conocimiento del pasado humano, es decir el conocimiento histórico. Todo sabemos que el conocimiento del pasado es indirecto (observación de hecho mediante fuentes), limitado (las fuentes son limitadas) y a posteriori (se parten de las consecuencias para efectuar las causas). Estos componentes del conocimiento histórico hacen del mismo un conocimiento subjetivo o por lo menos con grandes posibilidades de serlo.

Muchos historiadores hablan de las limitaciones y dificultades que tiene un historiador para ser objetivo en el tratamiento de un determinado tema, es decir de ser objetivo en su cocimiento del pasado humano, prueba de ello son las palabra de Benedeto Croce, historiador italiano del XX, quien dijo que "no hay historia sin historias", de lo cuál se deduce que no puede ser objetiva. Por tanto la historia para muchos se asemeja más a la filosofía que a una ciencia objetiva. Y es que, si tenemos en cuenta que en la mayor parte de la historia de la historiografía se ha tratado a la historia como una ciencia filosófica cargada de subjetividad que emana de la libre interpretación y en definitiva de la metodología usada, no es de extrañar que esta concepción de la historia siempre esté presente en nuestra sociedad. La historia hasta siglo XX tiene un gran carácter filosófico dado que se hace una historia muy forzada por los acontecimientos políticos, lo que no le permitía observar los hechos, analizando todos los componentes del que se compone el conocimiento del pasado humano o conocimiento histórico. Estos prejuicios acerca de la historia, aunque hoy en día se han reducido, no cabe duda de su existencia y que se hace historia de esta naturaleza.

El siglo XIX, es el siglo más importante para la historia (como disciplina del saber), se pone de moda la historia al amparo de las nuevas circunstancias del momento: capitalismo, imperialismo y sobretodo nacionalismo. En el siglo XIX al amparo del nacionalismo es el siglo donde más se reinventa el pasado. ¿Cómo funciona esto o cómo se hace esto? En una sociedad, todo esta predeterminado por una determinada ideología, entendida ésta como un conjunto de ideas que tienen que estar presente en las mentes de las personas, en base a esa ideología nacionalista se construye un modelo de historia para el cuál se eligen unas fuentes y a partir de éstas se legitima la ideología.

La ideología nacionalista trata de convencer a la gente sobre el sentimiento de pertenencia a un colectivo que se denomina nación, en base a una raza, lengua e historia común. La historia trata de ver el origen de la nación y a partir de ahí ver su evolución a lo largo de la historia. Estamos pues ante un ejemplo de historia filosófica, politizada, al amparo de las circunstancia de su tiempo o lo que es lo mismo, una historia cargada de prejuicios e interesada. Todos sabemos que para que una disciplina del saber sea científica, ésta tiene que estar por encima de cualquier ideología, puesto que entonces no habría posibilidad de estudiar ningún fenómeno de forma objetiva.

Este tipo de historia politizada provocó una de las mayores crisis metodológicas para la historia de su historia. La historia se convirtió en un arma de la ideología capitalista burguesa imperante en un medio de legitimación de la sociedad de su tiempo. Esta historia sólo trataba acerca de los hechos políticos de las naciones, de sus grandes personajes y guerras, trataba de hacer ver a la gente lo que le diferencia de las otras naciones, dividiendo Europa en distintas personalidades o naciones.

En el siglo XIX, surgen corrientes historiográficas al amparo del nacionalismo y del capitalismo emergentes. Hablemos de ellas:

Por un lado tenemos lo que se conoce como la historiografía liberal: que es una historia contada desde la perspectiva burguesa; esta historiografía surge en Inglaterra en el XVIII y se expande a otros países como Francia y España en el XIX.

El objetivo de esta forma de hacer Historia es la legitimación del estado nacional burgués. Estos historiadores liberales tratan de hacer ver a las personas que gracias al estado burgués se gozan de libertades (sociales y económicas) y con ello el progreso de la nación estaría asegurado. Justifica la caída del antiguo régimen, puesto que era un régimen que ponía freno a las libertades, a la economía, es decir al progreso de la nación. Para estos historiadores, sólo se admite la revolución de los burgueses, puesto que una revolución del pueblo desencadenaría en anarquía, por tanto hay que tener al pueblo controlado para que no llegue la revolución social, para ello tratarán de hacer ver los beneficios que han conseguido gracias a la toma del poder de la burguesía. Podemos citar algunos historiadores: Macaulay (en Inglaterra); "Historia de la Nación", en donde narra el ascenso de la libertad conseguida gracias a la derrota de los Estuardo (Dinastía inglesa). F. Guizot: "Historia de la civilización en Europa", donde convierte al estado burgués en el protagonista de la historia, una historia que culmina con la revolución de 1830 con el ascenso de la burguesía y "el fin de la lucha de clases". En España tenemos a Paco Martínez Marina: "Teoría de las Cortes" donde legitima las cortes liberales de Cádiz, relacionándola con los antiguos concilios de Toledo.

En definitiva, esta historiografía liberal – nacionalista, se centra en analizar el origen de la nación (edad media), su evolución en clave ascendente gracias a las conquistas de derechos como la libertad, democracia, constitución… Todos ellos conseguidos gracias a los burgueses, en una visión optimista de su historia para calmar así las tensiones sociales de su época que emana de tener un estado, donde la mayoría de las personas están fuera de él y evitar así la revolución social, o lo que es lo mismo, para evitar así la llegada de un movimiento que hiciera ver la injusticia de dicho sistema como ocurrirá con la llegada del marxismo a posteriori.

Esta historia burguesa recibió críticas desde sus comienzos, alegando sus métodos poco científicos, y su fuerte carácter filosófico, romántico y por ello subjetivo. Estas críticas vienen dadas por aquellos historiadores que veían que la historia también podía dotarse de un método científico al amparo de otras ciencias, cuyos resultados no podían ser discutidos, al tener un método científico. Pero las preguntas son ¿se puede dotar a la historia de un método científico? ¿Se puede hacer una historia neutral y objetiva? El historiador Comte afirmo: "el progreso humano pasa por 3 estadios: uno teológico (no se puede interpretar), otro filosófico (lleno de conceptos abstractos) y por un estado positivo (que permite formular leyes científicas que explican fenómenos históricos". El historiador Alemán Von Ranke, siguiendo éstas ideas, trató de idear un método científico al que se le denominó método de seminario que consistía en construir la historia sólo a base de fuentes, tratándolas de forma tal que el historiador no pueda falsear el pasado (el problema es la selección intencionada de fuentes para explicar un determinado tema). Al pretender que la historia sea una ciencia, el método se debía centrar en la observación y análisis de documentos sin intervención intencional del historiador, es decir se debe diseñar hipótesis e interpretar los hechos para dar paso a la formulación de leyes que explican un fenómeno (método hipotético – deductivo), se trataba pues de imitar la metodología de las ciencias naturales para rehabilitar a la historia.

Estos historiadores son los llamados positivistas, como B. G. Niebhur, cuyos estudios se centran en la Roma monárquica a la que atribuye todo tipo de virtudes, en un trabajo de erudición que servirá de modelo para otros, puesto que abandona los componentes ideológicos, el estilo literario, apostando por el rigor compositivo, el apoyo de otras ciencias auxiliares como la numismática …

Pronto se puso en evidencia que el "mito" objetivista, de contar los hechos tal y como sucedieron sin manipulación alguna, tenía sus días contados; y es que historiadores positivistas como Ranke pronto sacaron conclusiones partidistas y tendenciosas, dejando bien a la claras, que la historia sin ideología era, en aquel contexto histórico, muy difícil de realizar. Surgió así una nueva escuela de historiadores, llamados historicistas que presumen de hacer una historia objetiva, al estilo positivista, pero cuyas obras estaban cargadas de ideales románticos, nacionalistas, es decir cargada de componentes ideológicos fruto de su época. La historia al servicio de la ideología del XIX. Un ejemplo, lo constituye el historiador alemán Von Ranke, en cuya obra argumentó que Prusia tenía que liderar la unificación alemana, porque había sido elegida por Dios, para llevar a Alemania a la gloria. Vemos pues, como el objetivismo se pierde, volviendo a tesis providencialistas, propias de la historiografía medieval.

Un hecho de gran importancia para la historiografía del XIX, fue la llegada de Karl Marx a la vida pública; Marx no fue un historiador profesional, era un personaje culto, cuyo interés personal se centraba en analizar el sistema capitalista para entender las miserias de su sociedad. Él observa que en el sistema capitalista la democracia no es real, puesto que el sistema de producción esta en manos privadas, controlado por una minoría que utiliza su riqueza e ideología para el control social. Defiende la creación de un sistema de producción democrático, que sería el socialismo. Marx sólo acude a la historia para ver como se forman los sistemas productivos, sistemas que analiza en base a términos como infraestructuras (condiciones materiales), superestructura (ideología) y estructura (sociedad resultante). Así gracias a la historia Marx observa como en los sistemas productivos se produce una lucha de clases o tensión estructural, que en el sistema feudal se establece por la posesión de la propiedad y en la capitalista por el salario. En ambos sistemas hay dos clases sociales: dominados y dominantes que van a utilizar a la ideología para tener controlados a los dominados.

Marx, para llegar a estas conclusiones, utilizó una nueva metodología histórica, que para no ser historiador supuso la mayor revolución metodológica que se ha producido en la historia de la historiografía; y es que Marx analizaba el sistema productivo de una determinada época para luego sacar conclusiones acerca de la sociedad en la que estaba inmerso. Acabó pues con la antigua metodología que sólo atendía a hechos políticos, bélicos, nacionalistas… y se centró en una metodología más económica y social, creando sin darse cuenta una nueva forma de acercarse al pasado, de acercarse a la "verdad". La aportación del materialismo histórico (lo que determina la evolución de las sociedades son las condiciones materiales) fue crucial. Para Marx el fin de la historia no es la interpretación sino la transformación de la sociedad ya que la historia es la transformación de la naturaleza humana. Introduce elementos básicos sobre los que debe centrarse la investigación del pasado: modo de producción, relaciones de producción, infraestructura, superestructura, clase social…

El materialismo histórico no es una interpretación economicista de la historia, sino un método de análisis que se centra en las interrelaciones de todos los grupos sociales, arrojando nueva luz sobre la historia y lo que es el ser humano. Marx creó una escuela historiográfica, que va a tener un gran auge en el siglo XX, como explicaré en el próximo artículo sobre los usos de la historia en el siglo XX.

 
         
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