Badajoz en el objetivo de Francisco Arias

Textos: F. Fortes

 

Tras llegar al máximo esplendor  con Abd al-Rahmãn III y su hijo al-Hakam II el Califato de Córdoba entró en un periodo de deterioro hasta su definitiva desaparición. Primero con la sustracción de su verdadero ser con Almanzor y su hijo al-Malik quienes conformaron lo que conocemos como la "dictadura amriní" y en segundo término, con la "fitna del Califato" o guerra civil de descomposición del mismo.

Si una visión superficial puede hacernos pensar en un periodo expansivo con las innumerables victorias de Almanzor y su régimen de terror, en realidad no lo fue, pues se basó en la eliminación del talento de la sociedad cordobesa, en reducir a todo aquel que pudiese hacerle la menor sombra. Si Abd al-Rahmãn y al Hakam atrajeron a los mayores sabios del mundo conocido a Córdoba como consecuencia de su talante omeya basado en el éxito económico, político, militar y control de los rigoristas religiosos, Almanzor lo fió todo al la extorsión de estos principios.    La desmedida ambición al Almanzor hizo cautivo de su capricho y despojó de poder al verdadero califa a Hisham II y con el al espíritu de Damasco.

 La muerte de Almanzor en el 1002 tras la batalla de Catalañazor y de su hijo al-Malik en el 1008, pusieron punto y final a este periodo militarista del califato, pero abrió la puerta a la guerra civil de los siguientes años hasta su completa destrucción en el 1031. En este tiempo se sucedieron 10 califas de breve recorrido y algunos de ellos con varios periodos de acceso al trono como expresión de las banderías formadas por grupos de bereberes, de árabes, de eslavos. Incluso con el apoyo de cristianos del norte que se decantaban por  uno u otro candidato para sacar buenos réditos en forma de territorios, fortalezas, dinero y sobre todo visión directa sobre el terreno de la debilidad en la que se encontraba Córdoba.

Así el conde Sancho García de Castilla que vivió hasta el 1017 se aprovechó de su apoyo a al-Mutasin en sus aspiraciones, incluso viajó a Córdoba y vio con sus propios ojos que la suerte estaba echada y que era una gran oportunidad.

El poder de Almanzor se basó en el terror y no fiarse de nadie, para ello constituyó una guardia pretoriana mercenaria que le protegería siempre mientras pagase. Los eslavos, los berberes fueron los más utilizados con estos fines y cuando la guerra civil fue avanzando también fueron esos grupos lo que sacaron tajada a  tajada de territorio y convirtiéndose en independientes; fueron los "Reinos de Taifas", más de 30 en un principio. Más adelante se fueron atacando unos a otros y se produjo el fenómeno de la concentración. Pese a ella, la debilidad era extrema y los cristianos del note bien supieron dar respuesta a  la  nueva situación  mediante el régimen de ataques admonitorios y cobro de parias. 

Badajoz fue una de las grandes taifas de la época. Originalmente fue detectada por el eslavo Sabur al-Amirí pero en 1022 pasó a manos de la familia bereber de los Banu -l-Aftas originarios de la zona cordobesa de Faths al-Ballut (los Pedroches). Con los Banu -l-Aftas alcanzó gran esplendor dentro de lo que cabe para la época y fue una de las taifas que quedaron en pie en la frontera inferior.

De las 30 iniciales quedaron 10. Pero la situación de engrandecimiento cristiano y empobrecimiento taifal persistió.

Un hecho tuvo una honda repercusión, tanto desde la perspectiva real como simbólica, fue el asedio y conquista de la taifa de Toledo por Alfonso VI "el Bravo" en 1085.

 El emperador de León y Castilla se sentía el llamado a finalizar la reconquista  y las taifas amedrentadas. Sevilla, Granda y Badajoz pidieron socorro al imperio almorávide africano. Yusuf b. Tashfin acababa de finalizar la conquista de toda la región magrebí con la toma de Ceuta en el 1084 y vino en su ayuda. Así se celebró la batalla de Sagrajas o al-Zalaqa a las afueras de Badajoz con completa derrota cristiana. 

Tras varias campañas almorávides, Badajoz fue conquistada por los magrebíes y desaparecida como reino taifa independiente  en 1094.