Viaje a la historia…

 

 

 

 

 

 

Alarcos:

sueño, derrota y frustración

de Alfonso VIII.

Francisco Fortes y Elsje Fokkelman

medieval-spain.com

 

Cerro de Alarcos

 

 

A pocos kilómetros de Ciudad Real se halla el Parque Arqueológico de Alarcos. Allí, los amantes de la naturaleza, de la arqueología y de la historia podrán pasar unas horas inolvidables.

 

Para los interesados en los pueblos íberos el Cerro de Alarcos ofrece un asentamiento muy interesante. Para los enamorados de la Edad Media sus sentidos serán espoleados al punto de revivir en la imaginación cómo pudo ser el tránsito del siglo XII al  XIII en aquellos parajes de frontera. La visita será completada, y recomendamos no saltarse este paso, con el centro de audiovisuales de que dispone el Parque donde les será muy bien explicado. También recomendamos recorrer despaciosamente, paladeando cada elemento,  la interesantísima sala de exposiciones. Los guías, en general muy amables, nos aportarán las explicaciones complementarias adecuadas para que la visita sea del máximo aprovechamiento.

 

 

 Torre defensiva en Alarcos

Junto a la margen izquierda del río Guadiana,  se eleva un Cerro conocido como Alarcos. Situado estratégicamente en el paso, que de la Meseta Sur y a través de Sierra Morena lleva a Andalucía, Alarcos era zona de frontera en la Edad Media, y, por tanto, dependiendo de los años de que se trate estará en manos cristianas o musulmanas.

 

Durante el periodo islámico, la cercana  Calatrava “la Vieja” era la capital de la provincia musulmana y un castillo en Alarcos era su expresión.         

    Calatrava “la Vieja”  será fundada en la época de los valíes de Córdoba, alrededor del año 750, cuando gobernaba en Córdoba Abd al-Rahmãn al-Firí. Calatrava y sus alrededores, como Alarcos, serán muy interesantes tanto para el Califato de Córdoba, como después  cuando éste se desintegra en los reinos taifas para Toledo, Córdoba y Sevilla. Fue disputada entre ellos hasta que al fin perteneció a Toledo.

Su importancia permanecerá con los almorávides y con los almohades.

                                                                                                                                                                         Calatrava "la Vieja"

En el año 1144 entronizó el rey Alfonso VII de Castilla y León, conocido con el sobrenombre de “el  Emperador”. Éste  logró conquistar Almería, Alarcos y Calatrava en 1147. No pudo mantener Almería por la distancia a la que se encontraba y rodeada de territorio musulmán, aunque sí lo logró hasta 1157. Año en el que el día 21 de de agosto fallecería Alfonso VII bajo una encina en el camino de vuelta a Toledo.

 

Alcazaba de Almería

 

La defensa de lo conquistado en Campo de Calatrava por "el Emperador"  fue encargada a la orden del Temple, quizá en 1149 en una fecha no concretada, pero a imagen y semejanza de lo que Teresa de Portugal hizo con el Castillo de Soure y Ramón Berenguer III con Grañena. Desde 1147 Calatrava fue encargada a Armengol VI, conde de Urgel y nieto de Pedro Ansúrez.

 

  Tiempo después los templarios se declararían incapaces de poder mantener la fortaleza, pues los medios humanos y materiales que prcisan eran superiores a sus posibilidades. Calatrava, punto clave entre Córdoba y Toledo le es entonces encomendada a la orden de Calatrava.  Este hecho  fue en realidad el comienzo de la primera orden militar autóctona de la Península Ibérica con el abad cisterciense de Fitero a la cabeza. El abad Raimundo se hizo cargo en la segunda mitad de 1157, en los primeros momentos del reinado de Sancho III "el Deseado". En aquelos días fray Raimundo junto a otro fraile Diego Velázquez, que antes de monje había sido hombre de armas con el padre del rey Sancho, es decir, con Alfonso VII,  se lanzaron a esta arriesgada aventura.

                              

Muralla de Alarcos con econfrado y sillares bien trabajados en las esquinas.

En Alarcos, el rey Alfonso VIII de Castilla "el de las Navas" o "el Noble" y  esposo de Leonor de Plantagenet, ideó levantar alrededor del castillo musulmán una verdadera ciudad palatina que fuese a un tiempo la expresión de su poder y de su irrevocable vocación conquistadora.

 

Alfonso VIII "el Noble" en el Palacio Real de Madrid

Por otra parte, la ubicación de Alarcos permitiría organizar desde allí las campañas hacia el sur, a modo de base de operaciones, como lo había sido para los omeyas hacia el norte.

 

Alfonso VIII, único hijo de Sancho III de Castilla "el deseado" y Doña Blanca de Navarra que murió en el parto, será el gran protagonista de la historia peninsular y su lucha con los almohades. Nacido 1155, queda huerfano de madre al nacer y a los 3 años, 1158, de padre. Aquí se producirá el famoso enfrentamiento entre los Lara y los Castro. Tras muschas disputas nobiliarias y los aprovechamientos de los reyes vecinos de la minoridad del rey castellano, es nombradocaballero 1169 en el Monsterio de San Zoilo (Carrión de los Condes) con 14 ños.

 

El arzobispo de Toledo, Martín Lopez,  lanzó por aquellos tiempos su ataque a Sevilla, centro almohade por excelencia, lo que provocó las iras del califa magrebí y que éste proclamara la Yihad. 

 

 

 

 

Corría el año 1195, el califa almohade Abú Yusuf al-Mansur (Yusuf II) o Yaqub ben Yusuf, atraviesa el estrecho de Gibraltar desembarcando en Tarifa y se dirige a Alarcos donde se encontraba el rey castellano.

 

 

Muralla de Sevilla

 

 

 

 

 

Las obras de construcción de la ciudad aún no habían terminado, hasta el punto que el foso a medio construir perimetral externo de la muralla, será lugar de enterramiento de los despojos de la guerra.

Este hecho, va a ser clave en la moderna arqueología medieval, al concentrarse en la ya célebre “fosa de los despojos” de Alarcos, un verdadero tesoro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fosa de despojos de Alarcos

El día 18 de julio de 1195 el ejército almohade con el califa al frente se encontraba en Alarcos en su zona baja, los cristianos en alto, junto a  la muralla.

 

 

El día 19 de julio y pese a la favorable posición cristiana, al mayor número de efectivos, y a los mejores pertrechos defensivos, la táctica almohade envolvente con la caballería ligera, dio resultado.

 

 

 

El ejército cristiano liderado por Alfonso VIII "el Noble" es atacado por los flancos y la retaguardia.  No tuvo el ejército de Alfonso VIII, con la caballería pesada, la suficiente flexibilidad para responder a los veloces corceles sarracenos y cayó derrotado.

Vistas del llano desde el Cerro de Alarcos

 

El rey Alfonso VIII, estaba a la espera de la llegada de ayuda de Sancho VII de Navarra “el Fuerte” quien venía de camino, pero llegó tarde. La lucha fue encarnizada, los cristianos en huida perseguidos por los jinetes musulmanes con con sus cimitarras al viento.

 

 

Zarpa del Castillo de Alarcos

Quizá el rey Alfonso VIII de Castilla consideró que la superioridad cristiana era suficiente, o que no quería compartir la gloria de la victoria cristiana con el monarca navarro que había participado en el tratado de Huesca (1191) con otros reyes cristianos peninsulares para frenar la  supremacía castellana, o, verdaderamente,  Sancho VII de Navarra llegó simplemente tarde.  

 

 

 

 

El descalabro fue total, la derrota recayó sobre las huestes cristianas debiendo morir o huir. Tanto Alfonso VIII, como su hombre de confianza Diego López, salvaron la vida. Mas el rey castellano no recuperaría ni su ciudad palatina, ni el ánimo por mucho tiempo.

 

 

Fruto de la descoordinación entre Alfonso VIII y Sancho VII de Navarra, y los reproches de aquel al navarro,  se produjo un enfrentamiento entre ambos.  Sancho en represalia devastó Soria y Almazán y Alfonso VIII debió pedir la paz de Tarazona en 1196, un año más tarde del desastre cristiano de Alarcos.

 

Pero esta desavenencia entre Sancho VII y Alfonso VIII sería zanjada con creces con la clave participación de “el Fuerte” en la decisiva batalla de la Navas de Tolosa en 1212.

 

 

 

 

Tras la victoria almohade de Alarcos, en los siguientes diecisiete años aquellas tierras manchegas serían musulmanas y los almohades los señores de Calatrava, “Kalaat Raawak”, y de Alarcos. En sus restos se puede disfrutar de ver la existencia de un conjunto de viviendas almohades de entonces.

Vemos como las calles interiores están ensoladas con lajas y las viviendas contaban con unas dos habitaciones. Este barrio almohade se encuentra  situado en la cúspide del castillo, en e punto más alto del Parque arqueológico de Alarcos.

 

 

 

 

Barrio almohade

 

Lajas que ensolan el interior del Castillo de Alarcos

 

 

 y sólo después de la gran victoria de las Navas de Tolosa de 1212, el rey Alfonso VIII recuperaría ambas plazas.

Grosor de la muralla. Torre pentagonal en proa.

 

Tras la batalla de las Navas de Tolosa  la decadencia almohade se hizo patente y la "reconquista" había pasado uno de los capítulos esenciales que explicarían el siglo XIII y la evolución final del poder musulmán en Iberia.

Un último vistazo de Alarcos, para retener en la retina...

 

Alarcos perdió su relevancia, pues Alfonso VIII abandonó su proyecto de ciudad palatina y su nieto Afonso X "el Sabio" fundaría la vecina Ciudad Real.

 

Alarcos quedó en parte en estado ruinoso y en parte enterrado, ofreciéndonos una gran oportunidad para que los arqueólogos extraigan sus secretos mejor guardados.

 

                                                                                                 FIN